El Xacobeo aznariano

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

EL CENTRO contraataca. El presidente del Gobierno ha encontrado su puerto refugio político en el Ayuntamiento de A Coruña, regido por un teórico opositor, para anunciar un nuevo amanecer en Galicia, su salto a la postmodernidad. Sus leales del lugar andarán defraudados; si ya tenían negras la próximas municipales, con el desaire de Aznar, mayo será su mes de penitencia. Tampoco estarán contentas sus gentes de la Diputación. Su presidente fue golpeado por los del jalipote , por dar la cara a pe de marea , y no han sido compensados por una puesta en escena reparadora en Mariñán. A los políticos no hay quien los entienda. Claro que todo tiene su porqué, y el del Gobierno central quizás esté más en Madrid, o en el conjunto de España, que aquí. El Prestige ha convertido a Galicia en piedra de toque de toda una legislatura e incluso de varias carreras políticas fundamentales en el PP. De periferia ha pasado a ser centro político. Las consecuencias del Prestige son insondables. Pero la acción política es descifrable. Aznar trata de desautorizar a Zapatero a través de la disensión selectiva del alcalde de A Coruña. Al tiempo que lanza un desafío en clave pragmática a la movilización nacionalista que nuclea Nunca Máis. El presidente ha movido la ficha que mejor domina, la presupuestaria. El Plan Galicia es sutil y no carece de contenidos reales. Lo más importante es la aceptación de la variante litigada del AVE en Lubián. Se trata de un compromiso que favorece a toda Galicia y no suscita agravios comparativos localistas. También ofrece obras para todos , por asfaltado que no sea. Aunque no se atreve a fijar una ubicación y un perfil concreto para el espinoso asunto del puerto refugio para futuros accidentes marítimos. Queda en estudio para mejor ocasión, a ver quien puja más por él en las municipales. El punto débil del plan es la variable temporal. En un doble sentido. Carece de calendario preciso en la ejecución de los proyectos y no se explica por qué no se adoptó con anterioridad a la catástrofe del Prestige . Con más de seis años en el poder y con una notable cosecha de votos gallegos, el plan actual nace con la sombra de la sospecha por electoralismo oportunista. Conlleva además el descuidado efecto de lo que en economía se llama el riesgo moral. Si es gracias a las movilizaciones o al anticentralismo como se hace notar Galicia ante el Gobierno de España, el efecto colateral de potenciación efectiva del nacionalismo estará garantizado. Con lo cual una de las prioridades políticas de la acción estatal en Galicia se tornará en un boomerang. Tal vez Aznar, preocupado por la retórica inicial de Zapatero cuando sugirió algo así como un Plan Marshall o un Xacobeo económico para Galicia, haya querido escenificar su propio Xacobeo. Desde el Gobierno, con planes concretos y cifras de muchos dígitos. Ha sido su segundo intento. El primero lo formuló en la Torre Marítima, tras volver algo chafado de una cumbre europea. Este segundo es algo mejor. Pero a la tercera será la vencida, cuando se inauguren las obras, se compruebe que nos han salido baratas en términos de carga impositiva y estemos disfrutando el jubileo de la prosperidad. Entonces se acabarán los recelos y las cadenas de protesta se tornarán en peregrinaciones de reconocimiento. En Galicia somos agradecidos y sabemos respetar al que cumple su palabra.