CUANDO el comandante de la fragata Andalucía explicó a finales de noviembre cómo iban a actuar para controlar e interceptar los buques basura en aguas económicas españolas utilizó una expresión que habrá chocado a muchos lectores: trozos de visita y registro. De ellos dijo que están integrados por personal de la fragata, una docena de hombres al mando de un alférez de navío. «Por lo general, van armados -decía- [...]. En ellos hay expertos en máquinas, en comunicaciones... Cada grupo tiene una composición que le permite gobernar con éxito el barco tomado». Para quienes no están familiarizados con esta acepción de trozo, lo que quizá les resulta más chocante es que designe a un grupo de personas. Antiguamente, un trozo era una unidad de caballería. También se llamó así a cada una de las partes en que se dividía una columna militar. La de delante era el trozo de vanguardia o de san Felipe, y la otra, el de retaguardia o de Santiago. Entre uno y otro se colocaban las banderas. Más tarde, los trozos fueron los grupos de hombres de mar adscritos a los distritos marítimos. Finalmente, también se denominó trozo a cada uno de los grupos de la dotación de un buque de guerra especialmente destinados a realizar y rechazar los abordajes. Con este sentido lo empleó el comandante de la Andalucía, aunque en este caso se trataba más de registros que de abordajes violentos. Es raro este uso de trozo fuera de la Marina y de medios especializados, como algunos artículos de la Revista Naval y de la Revista Española de Defensa . Aparece repetidamente en una novela de aventuras publicada recientemente, la versión española de Ramage and the freebooters (Ramage y los filibusteros), de Dudley Pope. En este tercer episodio de sus aventuras, el intrépido marino inglés marcha al frente de un trozo de abordaje para poner fin a las fechorías de un grupo de piratas que amenazan el comercio en el Caribe. hablar.bien@lavoz.es