Cascos, presidente

OPINIÓN

30 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

CUENTAN QUE el filósofo Ferrater Mora fue llamado por Jordi Pujol porque quería conocer la opinión que los norteamericanos tenían sobre Cataluña. Al responderle que la mayoría de ellos no sabía ni que existía, el presidente catalán, preocupado, preguntó qué podrían hacer para darse a conocer en Estados Unidos. Ferrater Mora respondió: «Mire, president , para eso un terremoto podría venirnos muy bien». Galicia ya tiene su propio terremoto promocional. Ha seguido, aunque sin quererlo, los consejos del filósofo catalán para darse a conocer en todo el mundo. En las últimas semanas, los gallegos, nuestros pescados y mariscos, nuestras rías, playas y paisajes, y nuestra resignación y rabia, han aparecido, de forma gratuita, en las primeras páginas de todos los grandes periódicos mundiales y en los informativos de todos los canales de televisión. Hasta Bush y el Papa saben dónde estamos. Vázquez Portomeñe y Pérez Varela han perdido el tiempo durante años. Y el dinero. Se empeñaron en promocionar nuestro país a través del invento del Xacobeo, que algunos creíamos acertado. Pero no hicieron más que enterrar millones y millones de euros. Programaron campañas a largo plazo sin darse cuenta que todos los publicitarios recomiendan que lo más efectivo es un golpe de efecto. El profeta Álvarez Cascos, sin apenas medios, con sólo un móvil y desde una cacería por los montes leridanos, ha hecho más por la promoción de Galicia que todos los gobiernos autonómicos y centrales anteriores. Enviando el Prestige al «quinto pino», logró el protagonismo del que carecimos durante años. Estuvo acertado. Por eso hay que premiarlo. Hay que hacerlo presidente. El único problema es que al promocionar Galicia, también mostró su pequeñez y la inutilidad de quienes forman el comité de superdotados que contribuyeron a nuestra promoción.