«YA TENEMOS petróleo. Sólo nos falta la plataforma». El vecino de la Costa da Morte se refugió en el humor para hacer frente a uno de los peores momentos de su vida. Demostró ser un buen gallego. La resignación, el dolor, las penas y el sentido crítico los ahogamos siempre con humor. Manolo Rivas dijo en alguna ocasión que entre las mejores cosechas de Galicia figura la del humor. «No es -escribió-, un producto muy promocionado, es cierto, pero como se trata de un fruto silvestre, florece hasta en los velatorios». En el velatorio de la Costa da Morte florece estos días con especial fuerza. Es el paraguas que se utiliza para enfrentarse a la lluvia de fuel que asola las vidas y que tiñe de negro el futuro. El paracaídas para soportar el golpe de la hecatombe. Porque quizás de entre todas las lecciones que debíamos haber aprendido, y no aprendimos de esta catástrofe, la de no perder el humor, resulta fundamental. Como hizo aquel percebeiro que mirando desolado las rocas impregnadas de chapapote dijo: «Esto no mata a los percebes, sólo les da un sabor diferente». A los gallegos no se nos doblega fácilmente. Las penalidades que nos hemos visto obligados a superar a lo largo de la historia nos han exigido, para poder sobrevivir, echar mano de esa vena de la que carecen otras gentes. Ya lo decía Jardiel Poncela, «el humor posee como nada un poder confortador». Y es que nos han obligado a vivir con la sonrisa puesta. En las últimas semanas pudimos comprobar cómo, aún en los peores momentos mantenemos el humor. Todos. Incluidos nuestros dirigentes. «El derrame del Prestige no constituye una marea negra, sino únicamente un vertido», dijo García Bobadilla. «El buque perdió algo de fuel al remolcarlo», aseguró Rajoy. «Lo peor ya ha pasado», vaticinó el presidente Fraga. Extraordinarios humoristas. Y gallegos.