NO ES un hecho nuevo, existe una larga lista de catástrofes de estas características; todos recordamos los accidentes del Erika , el Exxon Valdez , Mar Egeo ... Aunque todos reciben publicidad y atención política cuando suceden, las medidas preventivas caen en el olvido hasta la próxima catástrofe. Las características son similares en todos los accidentes. Primero, un buque: en este caso el Prestige , de armador griego y bandera de Bahamas, uno de los países que vende banderas de conveniencia , fáciles de conseguir y con una absoluta falta de control de su flota. Una compañía: a la que no se le exige ninguna responsabilidad civil ni ambiental de la catástrofe. Por último: unas autoridades, en este caso la Unión Europea, con una lentitud extrema para controlar este tipo de transportes peligrosos. Tras la catástrofe del Erika , en el 2000 la UE modificaba la Directiva para controlar el transporte de sustancias tóxicas y adoptar medidas preventivas para que no volvieran a ocurrir este tipo de accidentes. La directiva prohíbe precisamente buques con las características del Prestige , con antigüedad de más de 15 años y de casco único. La demora de los Estados miembros de la Unión Europea en adoptar la directiva ha ocasionado que de nuevo no se llegue a tiempo. Es lamentable que no se apliquen medidas preventivas con total urgencia y que los gastos de seguridad y de protección medioambiental en este momento no recaigan sobre las empresas, sino que los costes de limpieza y recuperación se dirigen a los gastos públicos. Las mareas negras no son fruto de la casualidad; empresas petroleras de todo el mundo se aprovechan del laxo sistema de regulación, que no controla sus actividades y las exime de toda responsabilidad. Las consecuencias de este ahorro de gastos de las compañías petroleras las sufrimos todos. Un vertido de hidrocarburos, además de representar una amenaza inmediata para los seres vivos, dejará secuelas durante décadas, afectando no sólo a la salud de los organismos acuáticos, sino que dañará gravemente a la economía local y a sus recursos, como la pesca o el turismo. Otra cuestión que subyace es el aumento del transporte de hidrocarburos. Seiscientos petroleros cruzan cada día el estrecho de Gibraltar dirigiéndose a la Costa da Morte. Esta demanda imparable de crudo, además de generar un modelo energético insostenible y problemas tan graves como el cambio climático, pone en constante riesgo la seguridad medioambiental con su transporte.