Con pólvora del rey

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EN ANÁLISIS ECONÓMICO se suele decir que no hay desayuno gratis. Todo cuesta, bien por activa o bien por pasiva. O en la jerga profesional, todo tiene un coste directo o encierra el coste implícito de renunciar a otra oportunidad alternativa. Que no hay milagros, vaya. Sin embargo desde Keynes y los años cuarenta parece que se descubriera una política económica mágica: la del déficit público. Todo un chollo. El Estado gasta más de lo que ingresa y aún encima es el bueno de la película ya que impulsa el crecimiento económico que supuestamente no puede garantizar la sociedad civil. Políticamente se llega a un verdadero paraíso fiscal. El partido o grupo en el poder gasta y consigue obras y realizaciones insospechadas para el pueblo sin tener que mostrar la cara odiosa del recaudador de impuestos. Magia potagia, todos socialdemócratas, tonto quien no se apunte al Estado de Bienestar. Como dice la expresión popular, nada más delicioso que gastar con «pólvora del rey». Si esto fuera así de fácil los defensores del déficit cero serían además de estúpidos, masoquistas, imberbes políticos alienados por la consigna del pensamiento único. La pena es que hasta la deuda pública hay que pagarla en algún momento. Y si se la ha dejado llegar hasta el nivel de una auténtica burbuja pública, la economía hace bacarrá. Entonces habrá que estrujar los bolsillos populares para recaudar, con intereses, lo que antes no se cobró. Los antiguos ilusionistas se convierten en trileros estafadores que arruinan al país, en particular a los sectores sociales con menor poder para defenderse ante las crisis financieras. Una gran parte de la Historia de España y tantos países del mundo contemporáneo, incluyendo algunos de la Unión Europea, son lúgubres testimonios de los males del déficit público. El contraejemplo lo ofrecen aquéllos que crecieron en una solvente y estable con presupuestos equilibrados y bajos pesos del sector público en el conjunto de la economía. Por eso extraña que aún surjan iniciativas en España que añoren las engañosas prácticas de política económica pública. Y lo que aún es más sorprendente, que se traten de extender a Galicia. Por ejemplo el Bloque acaba de proponer al PP que no suscriba la Ley de Estabilidad presupuestaria y que rectifique el presupuesto de la Xunta, que incumpla el equilibrio entre gastos e ingresos públicos y que gaste más de lo que ingrese, teóricamente para potenciar la economía gallega. A cambio apoyaría al Gobierno de Fraga. Esta política agravaría el diferencial económico entre Galicia y el resto de España e hipotecaría las posibilidades de actuación de los futuros gobiernos autonómicos. Trasladaría a los gallegos del futuro la carga de la nueva deuda y además desplazaría recursos disponibles para el sector civil más productivo y eficiente al administrativo público, siempre menos eficaz y distorsionante. Hay que olvidarse de recurrir a la «pólvora del rey» porque a la vuelta de la esquina se transforma en «nuevos impuestos para el pueblo». Actúese con disciplina y rigor económico porque la edad de los milagros ya ha pasado.