Una crisis mal administrada

OPINIÓN

11 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

YA SABEMOS a qué atenernos. Aunque ya conocíamos lo que Aznar le ha dicho a Bush, ayer ha revelado al Congreso la postura española ante un posible ataque a Irak. Y no hay ninguna duda: España y su Gobierno están «con quienes luchan por la libertad y contra el terrorismo». El régimen de Sadam Husein es el enemigo. Los ruidos que se escucharon en el Pleno indican que no hay unanimidad entre los representantes políticos. El Congreso fue el reflejo de una reciente encuesta: somos el país que menos apoya el ataque. Hay que ser realistas: en el actual equilibrio de fuerzas, un país como España no tiene más alternativa que estar al lado de Estados Unidos. Sin embargo, tal como se han producido las cosas, me parece que el gobierno no ha administrado bien la nueva crisis internacional. Nunca debió dejar, por ejemplo, que se conociera su posición por una conversación con Bush. Y menos cuando sabía que tenía que mojarse en el Congreso. Alguien puede entenderlo como un menosprecio al Parlamento. Tampoco debió dejar que esto surgiera a preguntas de la oposición en una sesión de control, sino que debiera haber tomado la iniciativa de la información. Y, por último, ha desorientado a la opinión pública, incluso a la que más comprende al Ejecutivo. Y la ha desorientado, porque pasó de golpe de la posición de Ana Palacio -máxima autoridad en política exterior, que consideraba precipitada la acción militar- a esta adhesión que suena incondicional. Y suena a incondicional, porque el Presidente no exige un pronunciamiento previo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como hacen otros estados, sino que solamente lo desea, lo espera y cree que es posible. De ahí a una posición de servilismo solamente hay un paso: el que quieran recorrer las interpretaciones políticas y periodísticas. Por todo ello, mala administración. El Gobierno no puede esperar un respaldo unánime de la opinión.