SILOGISMOS PARA LA PESCA

OPINIÓN

07 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El problema de la propuesta aprobada por la Comisión de la UE en relación a la política común de pesca no está en que sea demasiado radical, tal y como la comisaria de Medio Ambiente da por cierto en un reciente artículo, sino que su desarrollo no conducirá a lograr los objetivos que propone: ni desarrollo sostenible del sector pesquero, ni tan siquiera sostenibilidad de las poblaciones de peces. El concepto de sostenibilidad ha sido al centro de la gestión de las pesquerías desde hace más de cincuenta años, tanto en el marco biológico como en el marco económico, y su uso ha sido sinónimo de protección de los recursos. Actualmente el concepto del desarrollo sostenible tiene un alcance superior al de la protección de los recursos, y la sostenibilidad de los recursos se entiende conjuntamente en términos ecológicos, socioeconómicos y de las propias comunidades humanas que de ellos viven. Una elección de la sociedad La sostenibilidad biológica no se corresponde con un único punto en la relación entre rendimientos y explotación. En teoría, todos los puntos de esa relación son sostenibles, excepto los que determinan una situación de colapso del recurso. Es la sociedad quien debe elegir, teniendo en cuenta aspectos socioecónomicos, el punto de explotación. Actualmente son pocas las pesquerías que pueden ser consideradas sostenibles desde esta nueva perspectiva, y las causas no estriban únicamente en la pesca, como análisis recientes han evidenciado. La naturaleza es más compleja de lo que algunos han pensado. La teoría de control es adecuada para poner un cohete en el espacio utilizando las leyes claras de la física. Pero no hay evidencias de que sea adecuada en la gestión de las actividades humanas ni de los ecosistemas donde las leyes son poco conocidas. Una gestión autocrática de los recursos pesqueros tiene pocas posibilidades de éxito, como la experiencia demuestra. No puedo menos que estar de acuerdo con la actual comisaria de Medio Ambiente de la UE cuando sentencia: «Es una perogrullada decir que no puede haber pesca sin peces». Este aserto, sin matices, es una obviedad. Pero la verdad del silogismo formulado termina ahí. Por eso la comisaria formula en condicional la segunda premisa de su argumentación. Una nueva política pesquera más drástica, que abunda en las mismas bases conceptuales y en los mismos mecanismos e instrumentos para la gestión pesquera que la anteriormente aplicada, no resolverá el fracaso, que la comisaria certifica, de la política de pesca desarrollada hasta ahora por la UE. Me desagradan los silogismos, sobre todo cuando se utilizan desde el poder. Suponen, con frecuencia, una simplificación de los argumentos con la pretensión de que la acción política parezca sostenida por una verdad unívoca.