Ya veis: Gibraltar seguirá siendo británico. Aznar y Blair han saldado su última negociación con buenas palabras, y nada más. Se cae así uno de los grandes sueños del aznarismo: recuperar la colonia para España. Hubo un tiempo donde parecía que lo tenía al alcance de la mano. Era como una corona de laurel para el presidente que cuenta los meses que le quedan en Moncloa. Sería su confirmación como estadista; una regalo de la Providencia. Pero, de momento, no puede ser. Los ministros británicos oyeron cómo los llanitos llamaban traidor a uno de los suyos, y se asustaron. Nadie quiere pasar como traidor a la historia. Nadie quiere quitar una joya de la corona de Su Graciosa Majestad. Nadie quiere pagar ese precio de impopularidad que al final se paga en las urnas. La amistad de Aznar y Blair merece hoy un colofón galaico: «amigos, moi amiguiños, pero a vaquiña polo que vale». Y yo casi que me alegro, que diría un castizo de la Corte. Porque hay que ver la cantidad de desgracias que nos traería cualquier solución de Gibraltar. Si la Roca se incorpora a España, el Rey de Marruecos pediría que Ceuta y Melilla se incorporasen a su país. Y además, con uno de esos argumentos que no sirven para nada, pero conmueven mucho en Naciones Unidas: un solo Estado no puede controlar los dos lados del Estrecho. Si se aprobara celebrar un referéndum de autodeterminación, como también estuvo sobre la mesa, le daríamos la razón a Ibarretxe. A ver qué bigote le convence de que los llanitos pueden autodeterminarse, y no lo pueden hacer los vascos, que tienen RH negativo. Tardaría veinticuatro horas en convocar la consulta. Y, por último, nos hemos librado de que Pujol solicite también la soberanía compartida, porque ni él es menos que Caruana, ni Cataluña es menos que ese pedrusco del Sur. Así que, por una vez, celebramos un fracaso de la presidencia española. Comprobamos que tocar algo que afecta al territorio es revolver un nido de escorpiones. ¡Y luego presumimos de unidad nacional! La tenemos, sí, señor: en muchísimos discursos. Y bien cosida con alfileres. Algunos están esperando que se abra una rendija para poder escapar.