PACO SÁNCHEZ
12 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La noticia se repite desde hace años: Europa demanda enfermeras españolas. Hoy es Inglaterra, ayer fue Portugal, mañana le toca a Francia. Se da esta información con cierto matiz negativo: producimos demasiadas enfermeras y no hay trabajo para ellas en España. Por supuesto, lamento que muchas se vean obligadas a abandonar su tierra. Pero me alegra que miles ambicionen esa profesión. Porque cuidar al sufriente requiere no sólo conocimientos y destrezas, por cierto, exigentes y muy especializados. Aliviar al doliente supone también amasar un fajo de virtudes que, por lo que se ve, escasean: paciencia y amabilidad, comprensión y fortaleza, espíritu de servicio y tantas otras que pueden resumirse en capacidad de querer. Que en estos tiempos nos hayamos convertido en exportadores de cariño está muy bien. Dicen que evaluar el trabajo del personal sanitario es una de las tareas más arduas que pueden imponer a alguien. El baremo meramente técnico no basta. Hay un algo más, difícil de ponderar y medir. Quizá se llame vocación o entrega. Esto no lo sé. Pero sí sé que uno de los mejores síntomas de la salud moral de un país es que no falten enfermeras.