ANOREXIA

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

26 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Son delgadas como un silbido. De perfil, ni se ven. La talla 38 les parece muy floja, para gordas. No tienen cintura. No se quieren. Empiezan por saltarse una comida y vomitar otra. Se pasan al yogur. Viven hipnotizadas por los peces tontos del acuario de la tele. Quieren ser modelos. Sufren de anorexia nerviosa y necesitan ayuda urgente. Lo primero que hay que hacer para luchar contra un problema es reconocer su existencia. Hay que sitiar al enemigo. Lo malo de esta enfermedad es que el enemigo somos nosotros. El enemigo vive en nuestro interior y está a gusto. La ayuda de un profesional es vital, como siempre. No se pueden leer experiencias como la de Nieves Álvarez sin cabrearse. El hijo de un amigo dice que está gordo, que va a hacer dieta con ¡diez! años. Los hombres también caen. No se trata de convertirse en toneles, pero Orson Welles lo lleva muy bien. Las obsesiones no son juegos para niños. No podemos meter a los adolescentes la presión de los cuerpos perfectos. La anorexia es un disparo a la razón. Cuidado con las bromas crueles. El talle de la Barbie es el de un juguete. En la vida real no importa el talle, importa la talla del ser, pensar y sentir.