PEDRO VILLALAR
22 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Londres ha negado alentar la propuesta de un directorio, una especie de superconsejo permanente, formado por el Reino Unido, Alemania y Francia, que tendrían asiento permanente junto a otros socios que rotarían, a la manera del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero la iniciativa, publicada por el solvente Financial Times, no puede ser completamente falsa, ni tal filtración es inocente: a las puertas de la reforma de las instituciones europeas, tales sugerencias revelan ya una predisposición, una actitud. Es evidente que un Consejo Europeo de 25 ó 30 jefes de Gobierno será escasamente operativo. Y que el sistema de presidencia rotatoria de la Unión es absurdo. Pero habrá que convivir con la dificultad y con el absurdo hasta que no se opte por crear nuevos órganos democráticos, elegidos por los ciudadanos, que dirijan realmente la UE. El sistema de directorios, de tan mal recuerdo en Europa, es arbitrario y antidemocrático, y ni siquiera puede encajarse como una broma de mal gusto. Elíjase a un presidente de Europa por sufragio universal o acéptese la actual filosofía que, aunque llena de dificultades, responde a la tradición democrática del Viejo Continente.