FELICITACIONES

La Voz

OPINIÓN

EL REINO DE LA LLUVIA

23 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Estas fechas nos ablandan el corazón. Ocurre cada año. Nos damos unos abrazos que nos destrozan el hígado y expresamos nuestros deseos de paz mientras reventamos a bombazos a unos pobres desgraciados. Escuchamos felicitaciones, discursos, homilías y cumplidos que nos hablan de solidaridad, felicidad, amistad, paz y desarrollo. Bien está que lo celebremos, pero puestos a ello, globalicemos a los 1.300 millones de personas que viven con menos de dos dólares diarios. Desarrollemos a la mitad de la población que sobrevive con menos de 500 pesetas al día y a muchos que lo hacen con 165. Ayudemos a los 1.400 millones que no tienen agua potable, a los 3.000 millones sin servicios de saneamiento, a los 2.000 millones que no disponen de electricidad y a los 840 millones que padecen desnutrición. Saquemos de la miseria a los pobres cuyo número se ha duplicado desde 1974. Reprobemos que la riqueza de las 225 personas más adineradas del mundo equivalga al ingreso anual del 47% de la población más pobre. Asistamos a esos dos mil millones que no lograrán llegar a los 60 años. Contribuyamos a que se incrementen las ayudas humanitarias que desde 1992 hemos recortado en un 24%. Socorramos a los 880 millones de humanos que carecen de acceso a servicios de salud. Auxiliemos a los doce millones de refugiados que estaban censados hace sólo tres años. Evitemos que las 200 empresas más importantes del mundo controlen la cuarta parte de la actividad económica del planeta, aunque sólo empleen al 0,75% de la población laboral. Impidamos que más del 75% de las inversiones sigan viajando a países desarrollados. Y que EE UU, la UE, Canadá y Japón posean más del 70% del PIB mundial, pero menos del 20% de la población. Eliminemos la distancia entre el país más rico y el más pobre que era de tres a uno en 1820 y que creció hasta al 72 a uno hace sólo dos años. Y si todo esto nos queda muy lejos, ayudemos al medio millón de gallegos que vive en el umbral de la pobreza. Después nos podemos felicitar.