CARLOS G. REIGOSA
21 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La exposición de Antón Lamazares en la Estación Marítima de A Coruña constituye un hito pictórico muy relevante si se tienen en cuenta la autoridad del pintor, internacionalmente reconocida, y la calidad de la muestra, esencial y novedosa, con 57 grandes cuadros que resumen la evolución, el esfuerzo y el acierto de este creador a lo largo de los últimos quince años (1986-2000). Propietario de un territorio singular, quizá una isla, Lamazares ha forjado una recia obra, pletórica a la vez de tradición y de vanguardia, en la que no es difícil detectar el eco de la imaginería medieval o del arte popular, en paralelo con sus respuestas a los movimientos pictóricos más avanzados. En su isla, Lamazares no admite más invención final que la suya, que es siempre un canto a su tierra. Un canto místico y sensual. Fiel. No debería desperdiciar las instituciones gallegas esta oportunidad de recuperar a un pintor que ya es más conocido fuera que dentro de nuestra tierra. En este sentido, enhorabuena al concejal de Cultura del Ayuntamiento coruñés, José Luis Méndez Romeu, por la iniciativa, y a Caixa Galicia por su acertado patrocinio. Esta exposición simplemente no es olvidable.