BENIGNO PRADO
04 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Confieso que se me puso la piel de gallina al leer la primera página de la edición ferrolana de La Voz de Galicia, el pasado viernes: «Europa decide sobre la plaza de España». Pero, vamos a ver -me dije- ¿será el Consejo, la Comisión, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, la OTAN o el Tribunal Internacional?. ¿Qué pintan estos organismos en una decisión que sólo es competencia del ayuntamiento de la antigua ciudad departamental?. Es verdad que la duda hamletiana tiene ya casi treinta años, durante los cuales se sucedieron los anuncios de meter mano en el asunto y, luego, siempre, los desmentidos o simplemente el silencio. Pero continuaba sin poder creérmelo y entonces pasé a páginas interiores, donde descubrí que la intervención europea consistiría en la concesión de fondos de cohesión suficientes para hacer por fin la reforma de la plaza de España. Nada, del derribo de la estatua ecuestre del «anterior jefe del Estado», nada de nada. Mala suerte, porque si en Europa no queda ni un solo vestigio de Hitler, Stalin, Salazar... ¿qué decisión podrían tomar los países democráticos europeos?