ENRIQUE CURIEL
01 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El gobierno de Marruecos puede tener razones diversas que expliquen la creciente irritación con sus colegas españoles. Pero parece que la raíz del actual desencuentro, se refiere, especialmente, a la cuestión del Sahara Occidental. Nuestras relaciones con el país magrebí nunca han sido sencillas, y constituye una prioridad de la política exterior española lograr un sistema eficaz, basado en la confianza, que nos permita resolver importantes asuntos comunes por razones de interés mutuo. Es evidente que las autoridades españolas han cometido errores. Por ejemplo, suspender proyectos de cooperación tras el fiasco de la pesca. Pero el gobierno de Rabat se ha equivocado notablemente al explicar su disgusto aludiendo a la posición española sobre la cuestión del Sahara. Porque tal problema es, si exceptuamos nuestra pertenencia a la Unión Europea, uno de los pocos sobre el que existe un gran consenso en la sociedad española, desde sectores situados en el centro-derecha, hasta la izquierda, incluyendo a los nacionalistas. Se mantiene un sentimiento de simpatía hacia los saharauis, basado en la mala conciencia por las circunstancias en las que tuvimos que abandonar el Sahara y por el cariño de los saharauis hacia todo lo español, incluido el idioma. Es difícil olvidar la Marcha Verde en 1975, con Franco moribundo y con la transición democrática en el aire. Aquella crisis, que además humilló a nuestros militares, fue considerada como una maniobra poco digna hacia un país como España que se jugaba su futuro en condiciones muy difíciles. El apoyo permanente de la diplomacia de los EE UU a Marruecos, por razones geoestratégicas basadas en el conflicto Este-Oeste, ataba a España de pies y manos. El gobierno de Mohamed VI no ignora que miles de niños saharauis visitan cada año España, y muchos son adoptados o apadrinados por familias españolas. El Frente Polisario, cuya sede en Madrid fue clausurada injustamente por los gobiernos socialistas, sigue pidiendo libros en español para sus rudimentarias escuelas, libros que, en general, se les niegan. Lo único que ha hecho España es apoyar las moderadas propuestas de James Baker, enviado especial de Naciones Unidas, en torno al conflictivo referéndum. Y el pueblo saharaui tiene pleno derecho a decidir su futuro, una vez terminada la presencia colonial española. Es más, la diplomacia marroquí debería valorar que España no ha utilizado nunca la cuestión saharaui como contrapeso para erosionar a Rabat en relación con Ceuta, Melilla y otros contenciosos calientes. España debe y tiene que apoyar la compleja transición política que ha iniciado Mohamed VI. Pero Marruecos no puede pedir apoyo a España al tiempo que nos golpea y utiliza a Francia como contrapeso.