CARLOS G. REIGOSA
29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando uno viaja a Filipinas comprueba que, en efecto, este archipiélago queda muy lejos geográficamente. Pero a la vez descubre que está muy cerca en lo cultural y espiritual: la sensación de que se trata de una comunidad hispánica no se desprende de uno en ningún momento. Es una realidad que se ha podido percibir y constatar estos días con la actuación de la Orquesta Filarmónica de Filipinas en Madrid y en Galicia. La primera gira europea de esta orquesta, que dirige el italiano Ruggero Barbieri, ha sido la original forma de celebrar su 50 aniversario el primer gran almacén de Filipinas, la empresa Rustan (algo así como El Corte Inglés de allí), que ha cubierto la mayor parte de los costes del desplazamiento de las 85 personas y de casi una tonelada de instrumentos musicales. Es una iniciativa que merece una felicitación plena. El resultado ha sido magnífico. La Gala Lírica Filipina ha servido para mostrarnos que una de las huellas de la presencia española en el lejano archipiélago, después de 333 años de destino compartido, está en la música. El conocimiento -y la difusión- de este hecho enaltece y ennoblece a quienes lo hacen posible.