EL PSOE Y LOS NACIONALISMOS

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL CRÓNICAS HUSITAS

29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Nos aproximamos al cumplimiento de los primeros veinticinco años de vigencia de la Constitución de 1978. Es la primera vez en la Historia de España que podremos celebrar algo así. Contemplando nuestros dramáticos siglos XIX y XX, hasta la muerte de Franco, hemos de convenir que España está viviendo un período de estabilidad democrática desconocida, fruto del encuentro entre la izquierda y los sectores evolucionistas del franquismo que supieron cerrar la confrontación civil entre los españoles. Es verdad que no se han resuelto todos los problemas y que la Constitución no tiene ese poder taumatúrgico que muchas veces le hemos exigido. Es la expresión de la relación de fuerzas en aquel momento; no es un petroglifo grabado en granito, sino que se puede modificar e interpretar buscando el constitucionalismo útil al que se refiere Miguel Herrero de Miñón. La cuestión autonómica, la idea o ideas de España y el papel de los nacionalismos, permanecen como un ámbito abierto a los diferentes impulsos políticos. La llegada de Aznar a la presidencia del Gobierno con mayoría absoluta significó un giro de la derecha española en relación con su actitud durante la Transición. Hace un año, en el Noticiero de las Ideas, el presidente del Gobierno llamaba la atención sobre «el grave error que los partidos nacionales han cometido a lo largo de estos años al reconocer ciertos pluses de legitimidad a los principales partidos nacionalistas». La crítica solapada al Título VIII y a la actitud de UCD, PSOE y PCE, resultaba evidente y anunciaba una ofensiva antinacionalista. El PNV sufrió las primeras consecuencias, pero el resultado de las elecciones vascas ha obligado a Aznar a frenar sus ímpetus. Hoy no es posible lograr la gobernabilidad de España sin articular la presencia política de los nacionalismos, tanto los de centro-derecha como los de la izquierda. Y el PSOE puede y debe constituir un instrumento de agregación política de la España plural. Andalucía, Aragón, Baleares, Cataluña, Navarra, Castilla y León, Euskadi, Canarias y Galicia son algunas de las comunidades autónomas en las que el PSOE está construyendo, o debería construir, alternativas útiles y viables con estas fuerzas, no tanto por necesidades meramente instrumentales referidas a la búsqueda de mayorías de gobierno, sino apoyadas en una visión armónica y global de una España que camina hacia fórmulas federalizantes. Y en Galicia, es obvio que el PSOE no debe contemplar al BNG como un mero competidor por el segundo puesto electoral, sino un aliado estratégico para lograr la modernización definitiva de Galicia y su papel en España. Ambos partidos deben buscar las zonas de encuentro y evitar las de rozamiento. Galicia lo agradecerá.