XESÚS VILAS
12 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En cuestión de accidentes laborales, sólo la mina compite con el mar. Para bajar a un pozo y subir a un barco hay que estar dispuesto a jugarse el pellejo. Galerías y buques se transforman aún con demasiada frecuencia en ataúdes. Pero mientras que los mineros han conseguido una regulación que compensa en parte los riesgos, los marineros de gran parte de los buques gallegos se rigen por el mismo sistema que tuvieron sus padres y sus abuelos. Trabajar en una de las profesiones más arriesgadas del mundo sin derecho a plus de peligrosidad suena a anacronismo laboral.