CRISTÓBAL RAMÍREZ LA OTRA MIRADA
28 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Peor, imposible. La solución Baker-Annan, que se suponía destinada a resolver el tedioso conflicto del Sahara Occidental (integrarlo en Marruecos a cambio de la concesión de una autonomía), constituye una declaración de guerra en su sentido más literal. Una catástrofe. Los saharauis llevan desde 1975 combatiendo armas en mano al invasor marroquí, y el arreglo firmado entre las partes en 1991 condujo al alto el fuego actual, conditio sine qua non para organizar un referéndum de autodeterminación libre y honesto. En estos diez años el necesario acuerdo político previo a la consulta popular se reveló imposible, y Hasan II primero y su hijo Mohamed VI después se encargaron de boicotear por las bravas la elaboración del censo de votantes. La solución Baker-Annan da la razón a Rabat y entrega a los independentistas polisarios, desarmados, en brazos de sus enemigos. ¿Puede existir mayor debacle para la ONU y mayor desazón para el resto de la humanidad? Únicamente son posibles dos escenarios. El primero, la aceptación de ese nuevo plan; será defendido por una minoría de saharauis tan pequeña que quizás ni siquiera pueda hacer oír su voz. El otro lo define la reanudación de las hostilidades. Lo argumentaba así un veterano dirigente polisario: «Me quitaron mi casa, asesinaron a mi familia, me enviaron al exilio y ahora quieren que me rinda. Me despido de usted para siempre, porque me voy a morir disparando contra mi enemigo». ¿Inevitable?