LLEGA EL DECONSTRUCTIVISMO

La Voz

OPINIÓN

MUY AGUDO / Juan Carlos Martínez

16 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La paradoja nos envuelve, tanto o más que la niebla. O, para decirlo con una canción, la vida es una tómbola. ¿Por qué? Pues resulta que mientras el urbanismo y el arte arquitectónico languidecen en las áreas más desarrolladas de Galicia, las últimas tendencias nos llegan por las zonas más aisladas de la montaña. En efecto. El deconstructivismo (con perdón), esa nueva reflexión arquitectónica que se fija más en la relación entre hábitat y ambiente que en el edificio en sí, llega a Galicia a través de los montes de Cervantes, más concretamente desde Piornedo. ¿Cómo? Pues gracias a la actuación de uno de nuestros dirigentes pioneros y modernos de verdad, el conselleiro de Política Territorial, José Cuiña, que ha presidido en Piornedo los primeros pasos de la desconstrucción (o sea, allanamiento, derribo y retirada del mundo tridimensional) de un galpón útil pero desprovisto de los valores que la arquitectura debe alcanzar en aquellos altos riscos. Con esta intervención, los gallegos que sueñan con la recuperación del paisaje prístino en el que se movían nuestros abuelos vuelven a vivir esperanzados. Aplicando el estilo introducido por Cuiña, todos esos accesos a playas obstruidos por elevados cierres de bloque prefabricado, todas esas granjas en desuso porque las especies que las habitaban son excedentarias en la UE, todos esos bodrios que nos obstruyen las vistas por doquier volverían a la horizontal y redescubriríamos los viejos horizontes enxebres. Pero la desconstrucción no es habitual en esta tierra, donde aún sigue ganando puntos el concepto de que progresar equivale a edificar, cementar y hormigonar. El derribo está mal visto; si no, que le pregunten al anterior alcalde de Oleiros, buen aficionado del deconstructivismo (su actuación en un islote de Mera todavía se recuerda en el pueblo como el récord pirotécnico local), y verán a donde lo llevó el desmoronamiento de una caseta en una playa. Por todas estas cosas, podemos prever que la iniciativa aplanadora del conselleiro Cuiña no tendrá muchos imitadores. Los pioneros se arriesgan a la soledad. También Galileo y Copérnico fueron unos incomprendidos.