UN CIRUJANO LLAMADO CAVALLO

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL

31 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Argentina está en caída libre. La combinación de una transición política llena de sobresaltos en el medio de una larguísima recesión, con una crisis fiscal galopante, una corrupción desmoralizadora y un fuerte deterioro de las condiciones externas, resultó un cóctel explosivo. La llamada de Domingo Cavallo, un ultraliberal ortodoxo, con plenos poderes concedidos por el Parlamento, abre una nueva etapa en los sufrimientos de uno de los grandes países americanos. El ex-ministro de Economía de Menem, padre de la ley de convertibilidad del peso con el dólar estadounidense que, aunque consiguió aliviar en primera instancia la inflación galopante, se ha convertido ahora en la causa del empobrecimiento exponencial de la población y la pérdida de competitividad en el exterior. El reto no es fácil. Una recesión de 34 meses con una deuda externa acumulada de 150.000 millones de dólares requiere una autoridad política indiscutible, pero también una capacidad de pacto y negociación imprescindible. Nuestros Pactos de la Moncloa de 1977 fueron tan importantes para la Transición como la propia Constitución. Si no existe un acuerdo para repartir las cargas sociales de la crisis y sentar las bases de la recuperación y del saneamiento económico, Cavallo tendrá una misión imposible. Las cuatro huelgas generales convocadas y seguidas en un año, así lo evidencian. Argentina entró en barrena en 1999, y en diciembre del mismo año recortó el presupuesto e incrementó los impuestos para liberar más de 3.000 millones de dólares, con el apoyo del FMI. En abril de 2000, las autoridades reducían de nuevo el gasto público y recortaban los sueldos de los empleados públicos entre un 12% y un 15%. La crisis política determinó la fuga de los inversores y del ahorro nacional. El FMI concedió otra línea de crédito de más de 39.700 millones de dólares con la condición de reducir radicalmente el déficit público. Con un margen político muy estrecho, las primeras medidas del nuevo superministro tienden hacia la reactivación de la economía con la reducción del impuesto de sociedades y la creación de otro nuevo impuesto a los créditos y débitos bancarios que algunos expertos consideran positivo, al tiempo que otros piensan que «la reactivación viene de la mano de una tasa de interés baja y los mercados no se guían por la piedad». Cavallo no quiere dar a conocer otras medidas previstas, mientras la angustia se ha apoderado de un país hermano a la espera de un salvavidas.