F. LÓPEZ CAPONT
26 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hace un mes decíamos que al acuerdo pesquero con Marruecos sólo le faltaba la esquela, así que no sorprende lo sucedido ahora, aunque hay que resaltar que no hay caladero marroquí, sino -según las Naciones Unidas- aguas saharauis administradas por Marruecos... hasta el referéndum. Pero esto, y todo lo que conlleva, es historia, y lo que interesa ahora es atenuar el futuro. La flota, parada, navega al desguace (con subvenciones laborales) y mientras Galicia debe olvidarse de exportar conservas de sardina que -históricamente- fundamentó la costa regional. La industria de calamares, pulpos y afines seguirá (pero de otros lados), pero ya no hay ninguna posibilidad de competir con la sardina marroquí en Francia, que hace un siglo era nuestro gran comprador. Para Portugal, la situación aún es peor. Lo malo es que esos términos de nuevos caladeros, reconversión de flota, otras preparaciones, recetas culinarias, congresos televisivos, congelación de sardina en lonja, reducción de cupo por barco, especialidades, concentración conservera, etcétera, son de muy dudosa eficacia final, y menos total. Interprofesionalidad Hay que hacer planteamientos tecnológicos más reales, en los que la interprofesionalidad, valorada en el sentido más amplio, sea uno de los factores más, pero no la varita mágica que solucione todo. Lamentablemente, la ahora oficial -ya era efectiva en la práctica- negación de Marruecos se preveía, pero se perdió un año, sin ninguna solución aunque muchas sugerencias, aunque no haya más pescado que el que llega a la lonja. Es hora de trabajar. Pero, por favor, que no sea aportando una terminología optimista cuando para Galicia hay algo más que 150 barcos afectados. Es todo un sector, el sardinero, con personas y no sólo barcos.