LOS PACTOS POST-ELECTORALES EN GALICIA LUIS VILLAMOR
17 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En los albores de la democracia británica un ministro y un funcionario se pierden en coche por la campiña y preguntan a un campesino que en dónde se encuentran. Vacilante, el hombre se rasca la cabeza y responde: «Están ustedes en un coche». Así están los pactos postelectorales en Galicia. Touriño, como el campesino, no aclara si dejará o no gobernar a Fraga en minoría, si pasa apuros para repetir. Y el PP, por si las moscas y aquello de romper el feeling BNG-PSOE, ofrece cancha a los de la rosa, para que dejen de buscar acomodo postelectoral en el regazo del nacionalismo. Piropos El Bloque también ha escenificado la ambigüedad con piropos a sus socios socialistas municipales y desmarques puntuales, para evidenciar que si hay posibilidades de entente, y se mantiene como segunda fuerza, es a Beiras a quien le toca presidir y no a Touriño. Decía Max Weber que quien se mete en política firma un pacto con el diablo. A siete meses de las elecciones, con la campaña vasca a tiro de piedra, que podría instalar en Euskadi una coalición PP-PSOE, todo puede acontecer. Por eso, cuando Palmou, Beiras y Touriño dicen digo cabe pensar que con la misma, e impunemente, opten por Diego. Se trata de pactar no tanto para gobernar, que sí, como para impedir que lo hagan otros.