¿HASTA CUÁNDO?

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

31 oct 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Tienen capacidad para más. ETA puede seguir atentando y matando con impunidad circunstancial. Se llamen comando Andalucía, Levante, Madrid o Galicia. Pueden matar a cualquiera que se cruce en sus sagrados objetivos. Tienen razones para ello. En el País Vasco se vive mal, no han alcanzado el estado de bienestar, no les dejan hablar en euskera, no les conceden la independencia... ¿Qué hemos hecho mal? ¿Qué grave delito hemos cometido? ¿De qué tenemos que arrepentirnos? El País Vasco es un pueblo desarrollado y privilegiado. Tiene un nivel de autogobierno que no posee ninguna comunidad de un estado federal. Gozan de un concierto económico posiblemente insolidario; su renta per capita está por encima de la media española. Sólo de una cosa no podemos considerarlos privilegiados: han caído de una forma cuantitativamente significativa en una psicopatía colectiva. Muchos no valoran la paz, ni el diálogo, ni la tolerancia, ni la democracia, ni la vida. Pero algo debemos hacer; la tiranía no puede sobrevivir al hombre. Hace unos días leía un libro que un judío, músico, escribió en 1946 sobre el gueto de Varsovia con motivo de la invasión nazi de la II Guerra Mundial. Allí tuvieron que morir millones, ante la mirada bizca de los polacos o de muchos de los propios judíos para que se rebelasen. Los vascos en su totalidad no pueden seguir mirando para otro lado. Dentro de poco tiempo habrá elecciones y ésa será la piedra de toque para saber si siguen siendo muchos los que apoyan a los que matan, a sus cómplices, a sus entornos, a sus compañeros de viaje o a los que en definitiva propician la solución final: el País Vasco es de los vascos con RH negativo. Si la sociedad vasca les da significativamente la razón en las urnas, cada mañana será un posible sobresalto, un número en aumento, una víctima sin sentido. Le habrán dado justificación a la barbarie. Pero sea cual sea el resultado, sean cuales sean los atentados, nosotros nos hemos de reafirmar en que no linchamos, ni torturamos, ni matamos, ni condenamos sin pruebas. A todos se les ha de juzgar, con juicios justos, propios de la sociedad civilizada de la que nos sentimos orgullosos. Pero sin dejar de afirmar que no nos resignamos, ni por más que los sinsentidos alcancen cotidianeidad han de pensar que van a ganar la batalla. Antes o después, ojalá que pronto, la sociedad vasca tiene que plantarles cara, con dignidad, por encima del miedo.