LA MATRÍCULA DEL COCHE FÚNEBRE

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

22 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La división de opiniones sólo es un problema en las dictaduras. Las democracias, por el contrario, parten de ese hecho esencial, y saben que, incluso cuando se habla de temas tan esenciales como la vida, la educación, la paz o la solidaridad, solemos discrepar en la definición de las prioridades, en la elección de los medios y en la valoración de los resultados. Cuando esto se olvida, cuando un dictado de la opinión correcta impide la libre expresión de criterios y sentimientos encontrados, el debate democrático degenera en puro bizantinismo, desenfoca y banaliza los problemas, se equivoca de enemigo y embarra en los matices, dejando vía libre a mediocres y salvapatrias. Ayer mismo, nada más caer a tierra el cuerpo de José Luis Ruiz, se volvió a desatar la asquerosa baraúnda de declaraciones que, haciendo puro bizantinismo y revistiendo de lógica aplastante la tautología, acorralan a Ibarretxe, desligitiman al PNV, satanizan a Arzalluz y enturbian todo lo que huele a nacionalismo, sin más objetivo que evitar un debate necesario o precipitar la salida a una situación que ya sólo puede conducirnos a victorias pírricas. ¿Qué pierde ETA si el PP derrota por puntos al PNV? ¿Que sentido tiene manifestarse contra un terrorismo que fundamenta su poder sobre el dolor y la muerte? ¿Qué hace el Gobierno en la calle, mientras ETA recibe y analiza los mensajes e improperios en el despacho? ¿Nadie va a darse cuenta de que una manifestación es una forma de diálogo? ¿Quién va a denunciar el simplismo del discurso dominante, que hace sospechosos a todos los que no siguen a pies juntillas las obviedades de Aznar? El problema vasco no es Arzalluz, ni Ibarretxe. No debería serlo, siquiera, esa ETA que la Guardia Civil desmantela totalmente cada tres años. El problema es una sociedad en la que ETA se reproduce, en la que HB es la tercera fuerza política, en la que los jóvenes tienen cultura y moral de algarada política, en la que todavía se confunde el heroísmo con el asesinato, y en la que nadie se preocupa de desactivar, sino al contrario, los elementos ideológicos que abonan ese dramático panorama. Por eso es un error, como dicen los nacionalistas, abocarse a una única estrategia. Y por eso es tan dramático enterrar a un hombre inocente entre engoladas y estériles proclamas de firmeza. Aunque esta vez _puro bizantinismo_ es posible que el coche fúnebre luzca la sigla CAT, con fondo azul, al lado de su matrícula.