Los callos del carpintero

IVONNE POUSA

MERCADOS

NICOLA FOSSELLA

Estos días son propicios para rememorar esas historias o cuentos de nuestra infancia a través de los cuales se nos han transmitido los principales valores que conforman una sociedad. Historias de solidaridad, de ayuda al prójimo, de compartir lo mejor de cada uno, de reencuentro familiar. Por todo ello, me gustaría también contar una de esas historias que son un ejemplo de vida y que nos sirven para reflexionar y volver a valorar lo realmente importante.

Es la historia de un niño nacido en una pequeña localidad italiana y cuya máxima aspiración era seguir los pasos de su padre y convertirse en tratante de ganado. Sin embargo, a nuestro protagonista se le cruzó una enfermedad renal que, a los diez años, le obligó a estar en cama y a replantearse su vida, enfocándose en los estudios.

Sus ganas de salir adelante le llevan a formarse en contabilidad y trabajar en banca primero, y en unos talleres mecánicos posteriormente. Y fue allí cuando tuvo su primera revelación: sentado en el confortable coche de uno de sus jefes, se dio cuenta de que, solo si tomaba las riendas de su existencia, podría mejorar algún día sus condiciones de vida. Así fue como empezó su vida de emprendedor y se convirtió en asesor financiero para ayudar a las familias a conseguir sus objetivos económicos. Y aquí llega un segundo momento crucial, cuando conoce a una de esas personas que te marcan para siempre. Se trataba de un humilde carpintero al que fue a ofrecer sus servicios. El carpintero, tras el encuentro, decide confiarle una cantidad más que considerable: diez millones de liras de hace cuarenta años. Una vez cerrado el acuerdo, el carpintero le miró fijamente a los ojos y le preguntó: «¿Sabe usted lo que le he dado?», a lo que nuestro protagonista respondió: «Por supuesto, usted me ha dado diez millones de liras». Entonces el carpintero, muy serio, le respondió: «No se equivoque», y mostrándole las callosidades de sus manos le replicó: «Lo que le he dado son estos callos, y recuerde que no puedo permitirme caer enfermo porque mi familia no sería capaz de salir adelante».

Aquel encuentro le hizo comprender que las familias que le entregaban su dinero no solo le confiaban sus ahorros, sino algo más profundo. Le estaban confiando sus años de duro trabajo, sus sueños, sus aspiraciones y, en definitiva, el futuro de toda la familia.

Fue el inicio de una forma diferente de trabajar con sus clientes en la gestión de su dinero y de sus necesidades de banca, seguros, ahorro e inversión, recordando el esfuerzo que había detrás de esos ahorros, y los sueños de futuro que habían depositado en ellos. Y con ese compromiso se lanzó a conseguir clientes y a sumar personas que, como él, estuvieran dispuestas a ganarse la vida ayudando a los demás a conseguir sus objetivos económicos.

Así que decidió que todos trabajaran igual: hablando con las personas cara a cara, yendo a verlos a su casa o a sus trabajos, estando a su disposición para ayudarles con sus finanzas, y siempre que lo necesitaran. En definitiva, convirtiendo en real, hace ya cuarenta años, eso tan de moda de «poner a la persona en el centro», una concepción del negocio en la que la persona y sus aspiraciones son lo prioritario. Y aquel muchacho nacido en un pueblecito italiano y que quería ser tratante de ganado terminó fundando un banco. No se trataba únicamente de un banco de oficinas al que la gente llevara su dinero, sino de una entidad de personas que ayudaban a las familias a gestionar sus ahorros.

Guiados por aquel carácter entusiasta y optimista del fundador, aquella red de asesores financieros consiguió que muchas familias alcanzaran sus objetivos. Los estudios de sus hijos, cambiar de coche, comprarse aquella casita en la playa soñada, ahorrar para disfrutar de la jubilación o contar con el respaldo suficiente para que les cuidaran cuando ya fuera imposible valerse por sí mismos.

El proyecto se extendió por toda Italia y también a España. Y aquel niño logró su sueño: liderar una entidad europea de asesoramiento financiero a las familias. Sin duda, esta es una de esas historias de superación y de transmisión de valores de alguien que consiguió sus objetivos personales y ayudó a miles de personas a alcanzar los suyos porque, como solía decir, “la mejor manera de ser egoísta es ser altruista”.

El niño de nuestra historia se llamaba Ennio Doris, fundador de Banca Mediolanum y creador de la red de asesores financieros —llamados Family Bankers— que continúan desarrollando su labor hoy en día al lado de las familias. Ennio nos dejó el pasado 24 de noviembre, pero su legado —como ocurre con otros grandes emprendedores de la historia— es una inspiración para muchas otras personas y generaciones porque sus proyectos permanecen y les trascienden.

Los profesionales —se dediquen al asesoramiento financiero o no— pueden identificarse con la historia de superación de Ennio Doris y ese carácter emprendedor, optimista y luchador. Y por supuesto con esa otra parte que muestra que la ayuda a los demás para que consigan sus objetivos puede ser también el camino para alcanzar los nuestros. Ennio, además, de una forma diferente y humana de gestionar los ahorros, mostró que el dinero es mucho más que eso, entendiendo que este, sobre todo, son los callos del carpintero. ¡Feliz Navidad a todos!

Ivonne Pousa es responsable de Banco Mediolanum en la Zona Norte de España