Las crisis también mutan


Director general Cesuga

Ahora que todos sabemos que los virus mutan, aunque no tengamos muy claro el por qué, quizás sea bueno recordar que no son los únicos, las crisis económicas, también.

Hace doce años vimos cómo, de un día para otro, el sistema financiero perdía su credibilidad y con ello se le secaban sus fuentes de financiación. El mundo definió ese estado como una crisis de liquidez y rápidamente buscó las herramientas que podrían ayudar a la solución. El presidente Zapatero, en línea con lo que se hacía en otros países de Europa, creó, con el objetivo de respaldar las emisiones de bonos bancarios, un sistema de avales. O pagaba el banco o pagaba el Estado. La euforia reinaba entre las entidades. Ahora mismo me vienen a la cabeza conversaciones que tuve, en aquellos momentos, con altos directivos de Caixa Galicia. El aquí no pasa nada era el mantra dominante. Al poco tiempo estaban vendiendo todo lo que tenían que vender, solo le exigían una condición, que lo enajenado aportara algún incremento patrimonial. Así se deshicieron, por ejemplo, de R, Caixanova un poco antes, Caixa Galicia un poco después. Esta era la música, ese era el ritmo ¿Lo recuerda? En mi caso, ya pertenecía a mi memoria lejana, comentado en mis clases de mercados financieros en Cesuga, y poco más.

Así estaba hasta este lunes. Arranca la semana con una noticia que pasa desapercibida para la inmensa mayoría de los analistas, «Amancio Ortega adquiere un hotel», exactamente el Senator Playaballena, perteneciente al grupo familiar Hoteles Playa. La prensa más especializada centra la atención en el espíritu comprador de Ortega y en los otros hoteles que ya pertenecen a Pontegadea y a partir de ahí punto pelota. Una compra más. Al día siguiente, en este caso solamente la prensa económica, avanza que RIU y TUI ponen a la venta tres hoteles, mil quinientas habitaciones. El despiste continúa ¿Qué tiene de extraordinario? Todos los días se compran y venden inmuebles.

Lo significativo, lo que une a la cadena Playa con Riu y Tui, y con otras que verá en breve, es que todas ellas lo hacen para pasar de propietarios a inquilinos. Estamos ante una decisión estratégica, pero no de Ortega, sino de las cadenas, y que tiene un único fin, y no me equivoco cuando digo único, y este es mejorar la solvencia de sus empresas. Lo que hoy quiero decirle, y déjeme que sea directo, es que la crisis de liquidez del sector hotelero ya ha mutado, y lo ha hecho para ser de solvencia. Un cambio cualitativo total.

Veremos, a partir de ahora, como las cadenas venderán muchos de sus hoteles, pero no los mejores, sino aquellos que les aporten un mayor incremento patrimonial. Porque la principal meta será reconstruir la estructura de los fondos propios. Cada pérdida, y han tenido muchas, ha de ser compensada por una aportación de capital. Si el accionista principal no tiene capacidad de capitalizar, algo natural en las empresas familiares de perfil inversor, entonces han de vender sus activos, maximizar el incremento patrimonial y destinarlo a reservas. Una vez estabilizada la estructura de capital se disipan las causas de disolución, se aleja el fantasma de la insolvencia, que camina siempre de la mano del concurso de acreedores, se adquiere liquidez y, en última instancia, se vuelve a recuperar el acceso al crédito bancario. El corazón vuelve a latir.

En España, lo grave no fue vivir este tipo de crisis, fue tener una eterna, con deflación de activos y mercados ilíquidos. Ahora no pasará lo mismo. Venderán y vivirán. Dios lo quiera.

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