Las tensiones de la deuda


Director general del Cesuga

Esta historia, llamada a ser contada por generaciones, empezó a mediados de marzo. Han pasado tres meses y la niebla se disipa. Unos dirán que ya podemos intuir el perfil del monstruo, en forma de crisis económica, pero yo prefiero verlo simplemente como un problema complejo. Las dificultades de un problema están directamente relacionadas con las incógnitas que han de resolverse. Afortunadamente, asoman algunas certidumbres. En el período anterior a la crisis del 2008 teníamos un nivel reducido de deuda pública, pero el coste medio del saldo vivo se movía en una horquilla de entre el 4 % y el 5 %. Así estuvimos hasta finales del 2011. Es decir, cada mes se incrementaba la deuda y cada mes costaba más pagarla.

El Banco Central Europeo, en el 2012, tuvo que salir a asegurar la liquidez de España. La situación ha dado ahora la vuelta. Seguimos siendo incapaces de controlar el volumen de deuda pública, aunque sí el coste de la misma. Hace unas semanas, los mercados financieros llegaron a la creencia de que España tendría dificultades para colocar sus nuevas emisiones, lo que llevaría la las puertas de una nueva crisis de liquidez. Hubo tensiones en las subastas del tesoro. Se redujo la demanda de títulos españoles y se vendían a mayor coste. Pero esto no solo ocurría en España, también se observaba en Italia. Se estaba gestando en Europa una nueva crisis. Christine Lagarde, presidenta del BCE, supo atajarla. Esta pasada semana, el coste medio de las nuevas emisiones estuvo bajando y ya se sitúa en el 1,99%. Es decir, cada día emitimos más deuda y cada día pagamos menos por ella. Una incógnita, la mayor de todas, resuelta.

El reciente pronóstico del Banco de España, sin embargo, ha sido un jarro de agua fría. Augura una crisis larga y profunda. Los medios hostiles a Sánchez usaron la predicción como una prueba más de la inoperancia gubernamental y decidieron amplificarla. El resto, o pasaron página o simplemente se quedaron en unos apuntes descriptivos. Al margen de la opinión política, lo cierto es que el informe sirve para definir el escenario, y señala además las incógnitas. La primera, el consumo privado. Aquí ha de recordarse que las familias están en máximos históricos de riqueza financiera, y este no es un dato menor. El informe observa una caída este año del 11,2 %, y un incremento de igual nivel para el 2021. Es decir, el documento dibuja para esta variable una salida en uve casi perfecta. Este es un análisis que coincide plenamente con los datos sobre actividad comercial que está difundiendo, prácticamente a tiempo real, el Banco Sabadell. La entidad financiera los extrae de los movimientos de sus terminales de punto de venta, permitiendo compararlos con los que se producían en la misma zona hace un año y con los que se están produciendo en cualquier parte de España.

En cuanto al sector exterior, todo indica que no lastrará nuestra recuperación. Las administraciones públicas caminarán hacia la austeridad, lo cual no solo es previsible, sino también lógico. Por tanto, solo queda una pregunta, ¿en qué medida seremos capaces de activar la inversión privada? Ese, y no otro, será el acelerador de la recuperación. Ahora solo toca empezar la carrera y quemar ruedas. Pero nos queda una pregunta importante, que no debemos olvidar. ¿Tenemos piloto?

Por Venancio Salcines Director general del Cesuga

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