El futuro viene difícil


Director general del Cesuga

Vuelvo a hablar del coronavirus. Lo hice hace quince días, y aquí estoy. Sabía que hoy no estaríamos mejor, pero lo que nunca me podría imaginar es que, transcurridas dos semanas, la situación obligaría a poner a toda Italia en cuarentena o que el pasado lunes Wall Street tendría, en respuesta automática ante la brusca caída de sus activos, que detener 15 minutos la cotización. A lo que sí me he acostumbrado es a consultar permanentemente la prensa. La realidad que conocías por la mañana ya es vieja y caduca por la tarde. Y entre realidad y realidad debo reconocer que mi mente busca permanentemente en los baúles de la historia económica una situación similar, y aunque pareciera que lo natural sería mirar para la peste negra o la gripe del dieciocho, lo cierto es que me ubico en fechas mucho más recientes.

En el 2010, el Banco Internacional de Pagos, una suerte de ONU de los bancos centrales del mundo, diseñaba las bases de Basilea III, una especie de directiva financiera mundial que después cada país adaptó a su realidad económica. Me recuerdo en Montevideo explicándosela a mis alumnos de aquella ciudad, hijos de gallegos, profesionales de la empresa, pero ajenos a los mercados financieros. A todos les preguntaba cómo hubieran hecho en la Edad Media para salvarse de la peste bubónica. Rápidamente concluíamos dos grandes medidas, profilácticas y de robustez. Con las primeras reducíamos el riesgo de contagio (el riesgo de mora), con las segundas aguantábamos los envites que, a pesar de todo, pudieran golpear nuestro cuerpo (capitalización bancaria de alta calidad).

En estos momentos, me atrevo a utilizar un análisis similar. El primer paquete de medidas ha de ser para reducir el riesgo de contagio y, en este sentido, hemos de ver con profundo respeto y humildad las medidas que está adoptando Italia. Todos hemos hablado de que detrás de la estrategia sanitaria de China estaba un Gobierno con puño de hierro, pero ahí está el caótico Ejecutivo de Roma y la fraccionada sociedad italiana mostrando una madurez que para nosotros desearía. No han necesitado un ejército para poner en cuarentena al país entero. Robustez. Capitalización. Aquí está el problema. Lo que es bueno para uno es negativo para el conjunto. Frenas inversiones, no renuevas contratos, renuncias al crédito y te centras en la salud financiera. No compras, no te compran. Toca liquidez, dicen los analistas bursátiles. Hace quince días le animaba a posponer el gasto. Y mientras escribo estas líneas me entero de que el PIB del cuarto trimestre de Japón cayó un 7 %, veamos lo que le pasa en este. Hablamos de la tercera economía del mundo. En Oriente Próximo ha estallado una guerra de precios. Rusia y Arabia Saudí juegan a ver quién puede aguantar más y, mientras, se llevan por delante la salud económica de las naciones petroleras. Recuerdo que algunas de ellas mantienen estrechos lazos con España: México, Colombia, Ecuador, Argentina, Brasil, Guinea Ecuatorial...

El futuro viene difícil y España tiene poco margen de maniobra, ¿quiere que le recuerde cómo está nuestro déficit público y el nivel de deuda? Ya sabe por qué tantos hemos hecho hincapié en recuperar nuestro equilibrio financiero, para tener alforjas para nuevas travesías del desierto. Ahora empieza una nueva y la cantimplora está a un cuarto de su capacidad. ¿Lo positivo? El nivel de apalancamiento del sector privado español. La crisis nos volvió cautos en el gasto. Llevamos varios años amortizando deuda a un ritmo muy superior al que la incrementamos. Hoy no somos el cuerpo híper endeudado del 2007. Tenemos más capacidad de resistencia y a ella me aferro para levantarme cada día y pensar que este país no caerá en ningún primer asalto. Buen domingo.

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