Domingo Carbajo: «España tiene que introducir un impuesto a las digitales»

El jefe de inspección de entidades financieras carga con mucha severidad contra transnacionales como Google o Amazon y alerta de que concentrarán más poder que el Estado: «Son un peligro»


Redacción / La Voz

Habla con vehemencia y seguridad, la que le dan a Domingo Carbajo sus 38 años de experiencia en la Agencia Tributaria. Hoy desempeña sus labores de inspector en la Delegación Central de Grandes Contribuyentes. Aún se escandaliza cuando pasa revista al volumen de impuestos que pagan las tecnológicas: «Esto no se puede sostener».

-¿Qué coste socioeconómico tienen las trampas de las multinacionales digitales en España?

-Ganan cinco y pierden 95. Eso no puede ser. Primero por razones éticas y segundo porque genera un problema de competencia. No es verdad que tú compitas en pie de igualdad cuando pagas impuestos y otros no lo hacen. Apoyando fiscalmente a Amazon o Google se destruye la economía, el trabajo, esa es la verdad. Y les importa un bledo. Son unos voraces tiburones. Si no recaudamos, no hay Estado del bienestar. Se incrementa la desigualdad porque lo que no paga uno lo pagará el otro. Aumenta la desprotección del trabajo, el avance del capital financiero y eso provoca insatisfacción y revueltas. Las empresas de base tecnológica tienen que tributar.

-¿De qué forma cree que habría que fiscalizarlas?

-La tributación internacional es una utopía. Siempre habrá operadores que rompan la baraja, como Estados Unidos. Trump es un tipo muy brillante para defender sus intereses, los de su grupo social, y peligroso para el mundo. La solución pragmática pasa por el intercambio de información y una tributación mínima, un acuerdo de mínimos en la OCDE. Como no parece que se vaya a conseguir en plazo breve, España debería introducir un impuesto sobre los servicios digitales, al menos para presionar a las empresas y forzarlas a llegar a un acuerdo.

-¿Como el impuesto del 3 % de Francia?

-Sí, me parece excelente y espero que lo apliquemos porque es la única manera de hacer que paguen algo. Nos estamos cargando la economía, el trabajo estable. Si no les cobramos impuestos a estas empresas, nos quedaremos sin El Corte Inglés, por ejemplo, que con todos sus defectos sostiene a 90.000 trabajadores. Hay que aprobar el anteproyecto de ley y espero que este Gobierno lo haga.

-¿Surtirá efecto como vía de presión o acabaremos perjudicando a nuestra industria? Los países nórdicos insisten en que segará el potencial de las europeas.

-La propia lógica del capital llevará a ese acuerdo de mínimos. El caos al que van a estar sometidas las Gafam será tal que les costará más pagar las múltiples tasas que se están poniendo a rodar que pagar un impuesto pequeño. Serán las propias multinacionales las que lo pidan. 

-¿De verdad les sale a cuenta?

-Sí. Es una cuestión de costes y reputación. Mientras tanto, seguirán sin pagar nada. Las administraciones públicas tenemos poco margen de maniobra porque la ordenación jurídica está obsoleta. Hay que adaptarla a los nuevos tiempos. En cuanto al mito nórdico, hay que ponerlo ya en su justo término. Noruega ha bajado la presión fiscal, se podría considerar un país neoliberal. Además, la tasa digital solo iba a recaer sobre las grandes multinacionales, entidades con una cifra de negocio global de más de 750 millones de euros, que son fundamentalmente estadounidenses. Las pequeñas no estaban incluidas.

-¿Es posible que algunas empresas se adelanten a los cambios para volver a sortear a Hacienda? Google está revisando el modelo y mandando servidores a aguas internacionales.

-Es obvio que las transnacionales pueden llegar a ser más poderosas que los estados y por eso son un auténtico peligro. Por eso es necesaria la regulación. Es imperfecta, tardía, pero es la única solución para lograr que la gente de a pie sobreviva en un mundo de lobos. Sin obstaculizar la tecnología. No soy un ludita ni quiero volver al paleolítico, pero hay aspectos que hay que mejorar. El anuncio de Google de que dejará de utilizar el doble irlandés y el sándwich holandés es una mentira. No los va a utilizar porque no le interesa. El sistema tributario norteamericano es hoy muy positivo para las multinacionales. La reforma de Trump ha hecho que prácticamente todos los beneficios de las multinacionales estadounidenses que estaban fuera hayan vuelto.

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Cristina Porteiro

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Los tiempos del lejano oeste en el mapa global de la fiscalidad se esfuman lentamente. Los gigantes tecnológicos, cowboys del siglo XXI, tendrán que desenfundar la cartera tarde o temprano y pasar por caja. A lo largo de la última década han vivido en un remanso de paz, viendo cómo sus competidoras convencionales se hacían cargo de las Haciendas. Según cálculos de la Comisión Europea, mientras unas abonaban un 23,2 % en impuesto de sociedades, las digitales adelgazaban la factura hasta el 9,5 %. «El sistema es injusto y no hay competencia en pie de igualdad porque las empresas tradicionales tienden a cargar con una fiscalidad más pesada que las digitales», denuncia Bruselas. Las autoridades europeas consideran sus malabares fiscales una amenaza para el Estado del bienestar. 

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