¿Qué beneficios traerá el AVE?

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VÍTOR MEJUTO

La alta velocidad no generará por sí sola un milagro económico. Parece claro que el sector más beneficiado en un principio será el turismo, gracias a que Galicia atenuará su exilio periférico

24 oct 2019 . Actualizado a las 23:29 h.

Es evidente que una línea de alta velocidad sale muy cara. El precio del kilómetro se sitúa entre los 8 y los 20 millones, dependiendo de la orografía, las soluciones de ingeniería que se empleen y las complicaciones que puedan surgir durante el desarrollo de las obras, los célebre sobrecostes. En la línea gallega, incluyendo el eje atlántico, ya se han invertido más de 8.000 millones. A esto hay que añadir los gravosos costes en mantenimiento, unos 100.000 euros por kilómetro al año, 200.000 si la vía va en túnel.

Con toda esta mochila, han surgido muchas voces críticas que cuestionan el proyecto de llevar la alta velocidad a casi todos los territorios. En algunos casos se plantea la rentabilidad de una línea como la posibilidad de recuperar el dinero invertido en el proyecto, algo que incluso sería una quimera en líneas muy utilizadas como Madrid-Barcelona, que mueve cada año cerca de 8 millones de viajeros. A menudo estos enfoques olvidan el efecto no solo económico, sino también social, que supone modernizar una línea ferroviaria y prepararla para que sea competitiva los próximos cien años. Y sobre todo el efecto que puede tener en territorios periféricos como Galicia, adonde casi siempre llegaron tarde las experiencias de modernización de las infraestructuras. En estos enfoques, no obstante, sí se acierta en el diagnóstico de que para la construcción de líneas de alta velocidad el principal criterio no era el económico, sino el político. Del café para todos al AVE para todos.

Germá Bel, un economista catalán muy crítico con la apuesta del AVE, suele decir -quizás con razón- que Madrid es el gran beneficiado por las líneas de alta velocidad, pues en ningún momento se cuestionó el diseño radial inspirado en la Francia más centralista. «La gente de una gran ciudad no va a la pequeña a comprar, más bien es al revés». Ya hay estudios que detectan una cierta concentración de la población en los grandes núcleos que une el AVE -en sus extremos- y una desvertebración del espacio por donde circula y no para, la España vacía. José Luis Sánchez Ollero, del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, que elaboró junto a otros dos profesores universitarios un estudio sobre el impacto socioeconómico de la alta velocidad en Andalucía -donde ya hay una perspectiva temporal suficiente para calcular el impacto-, suscribe este análisis. «Fue el factor político y no el técnico o económico el que diseñó la cobertura territorial de la alta velocidad. Hay líneas que son rentables, pero el modelo no es eficiente», asegura, mientras cuestiona que el AVE en realidad «solo da servicio a las grandes ciudades». «Lo normal es que primero se ponga el AVE y luego se justifique», ironiza, al tiempo que reivindica el ferrocarril convencional, «totalmente olvidado por la apuesta por la alta velocidad».