Ya no te creo

Mónica Valderrama OPINIÓN MÓNICA VALDERRAMA

MERCADOS

02 jun 2019 . Actualizado a las 05:17 h.

¿Cuántos seguidores tienes? ¿Quién te regala productos? ¿Cuántos bots has comprado? ¿Cuál es tu rostro sin filtros y posproducción? ¿Cómo va tu marca personal? ¿Tu prescripción logra ventas? ¿Cuánto de ti va en esos textos? ¿Hasta qué punto es fingido todo el escenario? ¿Hasta dónde es tu vida o dónde empieza tu yo aspiracional? Esto no ha hecho más que empezar, porque yo ya no te creo y ahí se termina tu viaje como influencer. En un momento en el que tener una vida patrocinada es una opción aprendida de dudoso lucro y cuadro clínico psicológico casi garantizado, nos toca hacer una reflexión sobre esta profesionalización de las recomendaciones, los bodegones de productos y la exhibición con fines publicitarios

No se trata de que no hayan sido un filón para los cazatalentos de departamentos de márketing y comunicación de los anunciantes. Las marcas han visto en estos personajes un modo de llegar a su público diana directo, con impacto y evitando las tarifas de medios convencionales y su unidireccionalidad. Parecía que esa naturalidad de alguien con gran conexión con su grupo de pares era una fuente inagotable de activación de las ventas. Esa cuenta de Instagram de famosa, modelo, actriz, viajeros o un carismático y fotogénico gatuno han sido artífices de la seducción para el receptor cansado de las ventanas tradicionales y donde es el perfil de consumidor el que hace la búsqueda activa del producto, servicio o idea.

Marcas de gama alta captaron a prescriptoras sin tanto glamour como gesto transgresor que no siempre ha calado. Las borracheras de las it girls que hacen de dj y ponen en boga si es cool llevar las bragas desteñidas de la abuela o tatuajes con forma de pajaritos se hacen casi tan populares como sus bodas. Chicas que con 22 años sienten que su existencia ha dejado de tener interés porque ya pasan a ser mayores y sin frescura. ¡Vaya faena!