Cobalto, el petróleo del siglo XXI

El control sobre las minas de esta materia prima en África da ventaja a China para liderar el mercado del coche eléctrico y la producción de baterías de ion-litio


Pekín / La Voz

El cobalto va camino de convertirse en el petróleo del siglo XXI. Es un componente clave en la fabricación de baterías de iones de litio, el combustible del coche eléctrico. El control sobre su producción y suministro dará una ventaja decisiva para liderar en el futuro este sector y China ya está ganando la carrera. Más del 60 % de la producción global de cobalto procede de un único país, la República Democrática del Congo. El gigante asiático ha realizado una fuerte inversión y ya controla más de la mitad de las minas. Además, lidera también la cadena de refinado del mineral y su suministro.

El cobalto es un producto imprescindible para la fabricación de baterías de coches, teléfonos móviles y ordenadores. Hasta el desarrollo de estas baterías, el material era un elemento secundario. Se extraía de la fundición del cobre y el níquel. Pero hoy en día se ha convertido en un nuevo metal precioso ya que es capaz de prolongar la vida de las baterías recargables de ion de litio. Los fabricantes de automóviles eléctricos ofrecen garantías de entre ocho y diez años para estos componentes.

Su precio se ha multiplicado y su producción también. Según datos de S&P Global Market Intelligence, el precio de esta materia prima ha aumentado un 270 % desde el 2010, fecha en la que empezó a cotizar en la bolsa de metales de Londres. El año pasado, Estados Unidos incluyó el cobalto en la lista de 35 minerales considerados cruciales para la economía.

Las millonarias inversiones realizadas durante las últimas décadas por el gigante asiático en África han tenido el objetivo claro de asegurarse el acceso a materias primas necesarias para sustentar el crecimiento de su economía. El cobalto es una de ellas. Pekín concedió en solo dos años, entre el 2007 y el 2009, cerca de 9.000 millones de dólares en ayudas financieras a África. La llamada diplomacia del yuan no son ayudas a fondo perdido, aunque a veces China presume de ello. En el caso de la República Democrática del Congo, es a cambio de derechos mineros sobre las reservas de cobre y cobalto.

Actualmente, ocho de los catorce principales yacimientos mineros de este país africano son directamente propiedad de empresas chinas. La exportación de cobalto del antiguo Congo belga a China representa el 40 % del comercio mundial de este material. Pero el liderazgo chino no se limita a la extracción. Además, domina el proceso de refinado que lo convierte en metal o concentrados químicos y la fabricación de baterías.

Según los datos de Darton Commodities Ltd., China representa más del 80 % de la producción de productos químicos de cobalto. Desde que el metal sale de la mina hasta que llega a las baterías de Samsung, Hewlett Packard o Volkswagen, es prácticamente imposible no pasar por manos chinas, las que controlan toda la cadena.

En medio encontramos empresas como el gigante de la minería china Zhejiang Huayou Cobalt o el fabricante de células de batería para vehículos eléctricos Contemporary Amperex Technology (CATL), una empresa fundada en el 2011 y que ya lidera el mercado mundial. Sobre las firmas del gigante asiático pesa la sospecha de que reciben importantes ayudas del Gobierno y son una competencia desleal para las compañías de otros países.

Para cerrar el círculo, desde el 2015 China es líder en ventas de vehículos eléctricos. El Ejecutivo de Pekín ha apostado fuerte por desarrollar el sector para combatir la contaminación y prevé vender siete millones de nuevos vehículos sin tubo de escape por año hasta el 2025.

El control sobre el cobalto permite a China tener una posición de ventaja para desarrollar el sector del automóvil eléctrico. Algunas empresas como Tesla han apostado por otra tecnología (baterías de níquel-cobalto-aluminio) que reduce en un tercio la cantidad de este metal necesario. Pero de momento la demanda de cobalto crece más que la capacidad de producción y se desata la especulación.

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