Drones: Galicia se inventa un sector y se alinea con el futuro

Treinta empresas y 200 operadores dan alas a un innovador tejido industrial que ya crea empleo y riqueza. Seguridad, lucha contra el fuego y vigilancia son el comienzo de un negocio que despega


Vigo / La Voz

Parecen juguetes, pero estas pequeñas y frágiles aeronaves moverán 1.200 millones de euros de negocio y crearán 11.000 puestos de trabajo en España en el 2035. Es el cálculo que el Ministerio de Fomento recoge en el plan estratégico diseñado para impulsar este novedoso sector en el que Galicia esta vez juega en posición de ventaja.

Hace un par de años, operar con drones en Galicia era una actividad desconocida y minoritaria. Pero los aviones no tripulados, útiles tanto para un bombardeo como para un reportaje de boda, se han convertido en todo un negocio con grandes expectativas de crecimiento. Hay demanda en el mercado, y por eso no es de extrañar que la fabricación y el pilotaje de drones sea ya la actividad en la que están naciendo más empresas en toda Galicia.

El tirón de la iniciativa público-privada representada por el CIAR (Centro de Investigación Aeroportada de Rozas), impulsado por la Xunta y sus dos socios fundadores, Indra y Babcock (Inaer), a los que se acaba de sumar el constructor aeronáutico Boeing, ha tenido un efecto inmediato en la iniciativa emprendedora. En poco más de tres años, este incipiente sector gallego ha pasado de contar con 14 operadores (año 2015) a sumar a estas alturas (cierre del 2018) un total de 206 empresas autorizadas por AESA, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea; además de 5 escuelas homologadas por este organismo para la formación de pilotos.

Dice la Xunta que la inversión asociada a Rozas (150 millones hasta el 2020) «ya es una realidad que está dando resultados concretos». Genera 260 empleos de alta cualificación, 20 proyectos de I+D desarrollados por las empresas Indra y Babcock y próximamente Boeing; y la participación en ellos de 30 empresas y centros de conocimiento.

 Entre lo público y lo privado

Los primeros en llegar han sido los proyectos de los dos constructores instalados en el aeródromo de Rozas: Indra y Babcock (antes, Inaer).

Formaba parte del contrato (como ganadores de la primera fase de licitación) que ambos grupos integraran en sus respectivos programas industriales a suministradores y socios gallegos, y lo que está ocurriendo es que ya hay una decena de empresas incorporadas, lo que conforma el primer panel de proveedores de componentes de drones de Rozas.

Entre las veteranas, liderando la cartera de subcontratas de Indra, se encuentran Delta Vigo, auxiliar de primer nivel de los grandes constructores aeronáuticos (Airbus, Boeing, Embraer o Comac). Se ha incorporado también Seadrone, compañía creada para diseñar, desarrollar y construir barcos no tripulados, que lanzará al mar su primer prototipo, para misiones de análisis y control, el mes que viene en la ría de Vigo.

Fuentes de la Xunta citan otras empresas, como Soarnor y Gaerum Ingeniería, en calidad de auxiliares de Indra, ambas creadas para el proyecto de avión opcionalmente tripulado Targus.

La otra gran adjudicataria de Rozas es Babcock, que está trabajando en dos prototipos de helicópteros no tripulados. Una vez que ambos aparatos obtengan las correspondientes certificaciones, la compañía comenzará la producción en serie, un proceso que se hará íntegramente en Rozas, con la participación de una veintena de proveedores de la comunidad.

De momento, ya hay cinco subcontratadas. Cinfo, especializada en vídeo inteligente y descubrimiento de contenidos; y Softewcare, una empresa de ingeniería y consultoría desarrolladora de software. También figuran Coremain, especializada en tecnología sanitaria; Soldatec, dedicada al campo de la soldadura técnica aplicada a todos los sectores de la industria; y Pildogalaica, creada por Babcock para dedicarse a la gestión del tráfico aéreo a baja cota.

 Y ahora llega Boeing. El constructor aeronáutico se instalará en Galicia para desarrollar sistemas de seguridad aérea, pero no lo hará en solitario, sino en consorcio con tres empresas tecnológicas especializadas en sistemas de telecomunicaciones.

Las firmas gallegas Centum, Televés y Gradiant son socias del proyecto, que estará tutelado desde el Centro Europeo de Investigación y Tecnología de Boeing (Boeing Research & Technology-Europe o BR&T-E).

Este consorcio dispondrá de 10,5 millones (4 millones puestos por el grupo aeronáutico, a los que hay que sumar 6,5 millones de la Xunta) para encontrar soluciones tecnológicas a los retos en materia de seguridad que ya está generando el despliegue de los aviones autónomos en los espacios aéreos compartidos con la aviación convencional.

En la sociedad entran también la firma madrileña Soticol Robotics y la Universidade de Vigo, que realiza una investigación académica puntera en aspectos relacionados con las tecnologías del proyecto.

Las firmas gallegas que acompañan a Boeing no son socios menores. Gradiant (Centro Tecnológico de Telecomunicaciones de Galicia), con sede en Vigo, trabaja desde hace años en sistemas de navegación y posicionamiento de aeronaves no tripuladas. Tiene patentes en tecnología de localización de personas extraviadas mediante la combinación de telefonía móvil y drones. Y entre sus innovaciones con mayores perspectivas de mercado destaca un sistema que logra detectar, identificar y derribar, si es preciso, aeronaves no tripuladas que se encuentren operando en situación de ilegalidad o que supongan una amenaza para las personas.

En este campo de seguridad antidrones trabaja también Centum, una empresa con sede en Vigo especializada en tecnologías punteras en el campo de las comunicaciones para gestión y seguridad del tráfico aéreo. Y en la misma línea trabaja Televés, firma compostelana especialista en servicios de telecomunicaciones y en la fabricación y comercialización de sistemas de recepción y distribución de señales de televisión y radio. 

Liderando Europa

Y es así, poco a poco, como todo este entramado tejido en torno al negocio de los drones empieza a tomar forma y a situar a Galicia en una posición relevante, de momento en España, pero apuntando alto.

Los planes del Gobierno pasan por regular la aplicación de los drones en ámbitos como la agricultura, la filmación topográfica, el medio ambiente, la obra civil y la minería a corto plazo. En el medio plazo, ampliará su espectro a las telecomunicaciones, el control de fronteras, las emergencias o a las ciudades inteligentes. Y a partir del 2030 afrontará la última barrera de la industria: el transporte de pasajeros de larga distancia y aerotaxis.

España, con Galicia al frente, representa el tercer país más importante en Europa en este ámbito, solo por detrás de Francia y Polonia.

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El aterrizaje de Boeing en Galicia ha sido suave. Cuatro millones de euros de inversión, tratándose del gigante norteamericano, saben a poco. Pero es un primer paso que sitúa la comunidad en el mapa del constructor aeronáutico. Boeing no ha venido así sin más. Ha habido que traerlo. Mediante una licitación pública lanzada por la Xunta, que convertía al ganador en adjudicatario directo de un encargo: desarrollar tecnología que permita que aviones tripulados y no tripulados puedan operar con seguridad en el mismo espacio aéreo, sin interferencias y sin riesgos.

El constructor estadounidense obtuvo la mayor puntuación, y a finales del año pasado ganó la adjudicación del proyecto. No constan plazos para que Boeing presente resultados, pero sí el compromiso del grupo aeronáutico de involucrar en el proyecto a la industria gallega y de atraer a la comunidad a los «grandes actores» (según consta en el documento oficial). De momento, Boeing no quiere avanzar más información sobre el proyecto. Está previsto que su actividad en el polo aeronáutico de Rozas genere carga de trabajo para la creación de 58 puestos de alta cualificación.

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«Indra lidera cinco proyectos en el sector de los sistemas no tripulados aéreos y navales y está cumpliendo con los objetivos de desarrollo y plazos marcados con la Xunta». Así lo explica Javier Barcala, director de vehículos aéreos de Indra. En Rozas, la compañía trabaja en el avión opcionalmente tripulado Targus, el dron marino, el Centro de Misión y Procesado de Datos, el denominado Smart Logistics 4.0 para el mantenimiento de vehículos e infraestructuras mediante el uso de sistemas no tripulados y un proyecto de realidad virtual y aumentada que permitirá generar entornos de simulación con ayuda de drones.

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«Nuestros drones son clave en el control del fuego»

M. S. D.

Lucha contra incendios, salvamento y rescates en el mar, transportes medicalizados... «Si ves un helicóptero de emergencias, es muy probable que sea Babcock», dice la compañía. El departamento de Innovación de la empresa, que ha trasladado su sede a Galicia, está desarrollando vehículos remotamente tripulados, herramientas y equipamiento para convertirlos en aeronaves punteras para actuar ante una situación de emergencia.

En Rozas, Babcock trabaja en la lucha contra incendios y su esfuerzo e inversión en desarrollo de I+D está enfocado a buscar soluciones tecnológicas para combatir el fuego y proteger el medio ambiente. «Nuestro lema es salvamos vidas, salvamos naturaleza y en situaciones tan críticas como la lucha contra incendios, los drones y la tecnología que Babcock está desarrollando en Galicia son clave para actuar con rapidez y eficacia», afirma José Luis Sanz, director de Innovación de Babcock España, la antigua Inaer, ahora convertida en filial de Babcock International Group, con sede en Reino Unido .

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