«Aprendemos do acerto e o erro, pero, por sorte, sempre saímos ben dos problemas»


Carballo / La Voz

La central térmica de Meirama se puso en marcha en diciembre de 1980. Una época convulsa en lo económico (con elevadas tasas de inflación), en plena transición política y con las heridas todavía sin cicatrizar de las revueltas vecinales de As Encrobas, lideradas por el párroco Moncho Valcarce. Por aquel entonces, la plantilla la integraban 230 trabajadores, «moitos deles sen experiencia», recuerda Bautista Vega Tato (1959, Carballeda de Valdeorras). Él, que en la actualidad es el presidente del comité de empresa, se incorporó a la planta en marzo de 1981. «Levaba a térmica tres meses producindo e eu cheguei despois de rematar a mili». Había estudiado un ciclo de FP de mecánica y propulsores, por lo que se incorporó al departamento de mantenimiento.

Residió primero en Ordes y después en Santiago, siempre trabajando en la central. «Cando entrei en Meirama cobraba 38.000 pesetas, que non estaba nada mal, pero se chegara a reenganchar no exército cando fixen a mili cobraría 50.000 pesetas como suboficial». Pero la vida lo llevó por los derroteros del carbón: «Eramos todos moi novos, a maioría, salvo algún enxeñeiro ou algún compañeiro que viña doutro centro de produción, non tivéramos contacto co mundo da empresa. Aprendemos do acerto e o erro, pero, por sorte, case sempre saiamos ben dos problemas que xurdían».

Era una época, aquella, complicada en España. «Corrían os tempos da transición, viñamos dunha ditadura e creo que existía máis camaradería daquela por aquilo de querer axudar de balde ao compañeiro, de reivindicarnos como clase obreira. Eramos, no fondo, como unha familia, pero en grande. Non era fácil ser amigo dun compañeiro, pero eu, por sorte, podo dicir que teño amigos que xurdiron na térmica», evoca.

Vega Tato coincidió durante esas cuatro décadas con cientos de compañeros, entre ellos, Ángel Fraga Seoane (1961, A Coruña), quien ingresó en Fenosa en el año del mundial de Naranjito y en 1986 pasó a engrosar la plantilla de la central térmica. Una enfermedad laboral lo obligó a prejubilarse hace un par de años, después de 29 en Meirama. Se incorporó como operador del cuadro eléctrico en la sala de control: «Era una época en la que cada día venían dos autobuses llenos de trabajadores, uno de A Coruña y otro de Santiago». Era la época dorada de la central: «Éramos más de 200 en plantilla, pero había otro tanto en empresas auxiliares. Cuando entré, la térmica era un sitio privilegiado. Estábamos, por lo general, muy unidos y la planta operaba a la máxima carga posible».

Sostiene Fraga que «la térmica ha sido una vaca que no dejó de dar leche durante 40 años». Y argumenta sus palabras: «Multiplique 580 megavatios a la hora por 80 euros que cuesta el megavatio... Y así todos los días del año durante casi 40 años». El extrabajador de la central lamenta la incertidumbre generada alrededor del futuro de la misma, pero confía en que siga operando.

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