El mundo se prepara para el empleo desconocido

Vivimos un momento de cambio, en el que la sociedad avanza hacia la cuarta revolución industrial; la inteligencia artificial Y el «big data» harán desaparecer muchos empleos y generarán muchos otros; los expertos vaticinan que faltarán profesionales cualificados


Redacción / La Voz

Se avecina el Día del Trabajo. El Primero de Mayo es sinónimo de pancartas y reivindicaciones. Es una jornada para hablar de paro y de derechos. Y debería ser, también, un momento de reflexión sobre el mundo que nos espera a la vuelta de la esquina: el mundo de la cuarta revolución industrial. Nos ha tocado vivir una etapa de cambios económicos y sociales con pocos -y lejanos- precedentes en la historia. Un momento en el que todo lo que conocemos va a cambiar. También el trabajo.

Esa cuarta revolución industrial, en realidad, ya está aquí. Hasta quienes se empeñan en vivir desconectados tienen que reconocerlo. Los síntomas son evidentes. Vivimos en la era de la inteligencia artificial, del big data, de la gamificación, de las APPs... Puede que estos conceptos sigan resultándonos confusos, pero resulta evidente que van a cambiar las reglas del juego. El trabajo, tal y como lo conocemos ahora, cambiará. Muchos oficios que nos han acompañado hasta estos días desaparecerán, aplastados por el avance de unas máquinas cada vez mejor preparadas. «Se crearán nuevos empleos, pero aún no sabemos cuáles, ni en que cantidades», explica Luis Miguel Varela, decano de la facultad de Física de la USC.

Los apocalípticos aseguran que la cuarta revolución industrial condenará al 90 % de la población a la pobreza, que el 47 % de los empleos van a desaparecer y que hay 65 millones de puestos de trabajo en serio riesgo de ser extirpados del mercado. Frente a ellos, están quienes confían en que las nuevas tecnologías no hayan venido para comerse al hombre. Pero lo cierto es que, a estas alturas, no sabemos nada a ciencia cierta. Aferrémonos a lo más sólido que tenemos a nuestro alcance: los datos. La consultora Gartner ha echado cuentas y concluye que solo la inteligencia artificial estará detrás de la creación de 2,3 millones de nuevos empleos hasta el año 2020, aunque facilitarán la eliminación de 1,8 millones.

Otra consultora, Randstad, se alinea con quienes miran al futuro con esperanza y sosiego. «Solo en los próximos años el sector IT va a necesitar más de 100.000 profesionales altamente cualificados». Según ese mismo informe, «el 66 % de las empresas quiere hacer contrataciones pero no encuentra a los profesionales adecuados».

Stephane Kasriel, copresidente del consejo sobre el futuro del trabajo del Foro Económico Mundial, ha reflexionado sobre esta cuestión. «Es verdad que algunos trabajos van a desaparecer, y es fácil saber cuáles van a ser. Predigo que no habrá escasez de empleos en el futuro, sino escasez de habilidades para cubrir los puestos de trabajo», ha escrito. ¿Cómo darle la vuelta a esa situación?

No es fácil. Y no lo es, entre otras cosas, porque el mundo está cambiando a una velocidad para la que aún no estamos preparados. Volvamos a los datos que ofrece Randstad. El 85 % de los empleos que existirán en el año 2030 «todavía no se han inventado». Y eso que, en los últimos años, nos hemos acostumbrado a oír nuevos nombres para nuevos perfiles profesionales. Programadores de software, expertos en ciberseguridad, analistas de datos...

Y entonces, ¿qué hacemos?

Desde el ámbito de la formación reglada, profesores e instituciones aseguran estar haciendo todo lo posible para adaptarse a la realidad que viene. La Formación Profesional trata de adecuar su ritmo a las nuevas demandas sociales, y prueba de ello es el foro FP Innova que esta misma semana se ha celebrado en Santiago de Compostela, y que pretende poner en valor los centros de Formación Profesional como focos de investigación, emprendimiento y desarrollo de proyectos.

La universidad también se reinventa, consciente de que el suyo es un papel crucial. Y es que el futuro parece demandar creatividad y, para todos los puestos relacionados con la cuarta revolución industrial, un conocimiento matemático profundo, bien anclado, que proporciona el estudio de carreras «clásicas» como Matemáticas o Físicas. Las universidades se esfuerzan, pero su maquinaria parece resultar demasiado pesada. Y hay muchas voces que alertan de que no está resultando lo suficientemente ágil para hacer frente a los cambios que vienen. Que las aulas universitarias están «muy lejos de la realidad». Ofelia Tejerina, miembro del grupo de trabajo de Derechos Digitales de los Ciudadanos, está convencida de que la universidad «llega tarde, tardísimo» al nuevo escenario. Y el tiempo corre.

Una buena formación es imprescindible. Pero también una gran dosis de pasión. Susana Ladra, coordinadora del Campus Innova de A Coruña, recomienda a aquellos que estén decidiendo qué ruta laboral van seguir que «piensen en aquello que más les motive, que será lo que les asegurará el éxito durante su desempeño profesional. Y que desarrollen las llamadas soft skills [los talentos que hacen que sepamos comunicar correctamente, dirigir un grupo de personas, solucionar conflictos], que serán las que les haga destacar en el contexto profesional futuro».

Mientras las instituciones en las que radica la formación reglada buscan su camino, los trabajadores -los de ahora y los del futuro- intentan digerir una nueva realidad, asumir que las cosas han cambiado, y que hay aspiraciones que ya no tienen sentido. Una de esas ideas caducas es la de buscar un «trabajo para toda la vida», un objetivo que durante años los padres han intentado inocular a sus hijos. Según la consultora Randstad, el 89 % de los trabajadores creen que mantener un empleo hasta la jubilación es imposible. El 85 % de esos mismos empleados están dispuestos a invertir tiempo en reciclarse. Y desde el Foro Económico Mundial avisan: esa reciclaje deberá ser permanente, constante. Para toda la vida.

autónomos

Solo eso nos permitirá encontrar nuestro lugar en un futuro en el que las relaciones laborales variarán por completo. En España hay, actualmente, 3,1 millones de trabajadores autónomos. Y esa cifra seguirá creciendo, según auguran desde el Foro Davos. Las empresas recurrirán a ellos para cubrir vacíos de talento en momentos específicos. Porque, ante un horizonte de incertidumbre y de muchas dudas, el único valor que parece estar garantizado es el talento.

 

«Ahora, el único valor seguro es el conocimiento»

Rosa Estévez

La profundidad de los cambios que nos esperan a la vuelta de la esquina es tal que «cualquiera que sea consciente de las implicaciones que van a tener en nuestras vidas, siente vértigo». Palabra de Luis Miguel Varela, decano de la facultad de Físicas de la Universidade de Santiago de Compostela. La cuarta revolución industrial dibuja un escenario sin precedentes en la historia. Hay empleos que desaparecerán, otros que están por crearse. Todo lo sólido se desvanece en el aire, y hasta el aire se transforma. En semejante contexto es fácil dejarse llevar por el pánico. Pero resulta poco útil. «Estamos en medio de un torrente, no vemos ni siquiera las orillas, no sabemos dónde estamos», explica Varela, que se apoya en ese símil para explicar que, en estos momentos, de lo que se trata es de aferrarse a algo seguro, contundente, rotundo, que nos permita seguir a flote y marcar rumbo una vez hayamos superado la zona de rápidos. Ese salvavidas es el conocimiento. «En tiempos de tribulaciones hay que apostar por los valores seguros. Y esos son las titulaciones que son realmente saberes», dice Luis Miguel Varela. Ese, explica, es el consejo que da a todos aquellos que se encuentran en el trance de iniciar camino hacia un futuro tan lleno de incertidumbres.

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«La universidad se está adaptando a los cambios»

Rosa Estévez

Susana Ladra es coordinadora del Campus Innova de la Universidade da Coruña. Está adscrita al departamento de Computación, en concreto al área de Lenguajes y Sistemas Informáticos. Pertenece al grupo de investigación del laboratorio de Bases de Datos e imparte asignaturas como «aplicaciones y tendencias en bioinformática e ingeniería biomédica» -entre otras muchas-. Y, a pesar de todo ello, esta mujer reconoce que «la tecnología está yendo más rápido de lo que nosotros estamos siendo capaces de procesar». Es la cuarta revolución industrial, y «estamos tan inmersos ya en ella que casi no nos hemos dado cuenta de cuándo ha empezado y que nos está transformando cada ámbito de la sociedad. Inteligencia artificial, realidad virtual, ciberseguridad, robótica, nanotecnología y biología avanzada forman parte ya de nuestro día a día».

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La mutación constante de la FP

Rosa Estévez

La Formación Profesional supo reinventarse hace unos años y convertirse en una herramienta útil; ante la cuarta revolución industrial, seguirá demostrando su capacidad de adaptación

La crisis dio a la Formación Profesional una ocasión para reinventarse. Y la vieja FP, cansada de ser el patito feo de la educación, aprovechó la oportunidad que se le brindaba. Los temarios se actualizaron, se inyectaron fondos y, de repente, todo cambió. Los ciclos formativos dejaron de ser un plan B para convertirse en un itinerario apetecible tanto para quienes empiezan su camino académico, como para titulados universitarios que buscan en la FP y en las prácticas que esta ofrece, una puerta de entrada a un mercado laboral francamente hostil. Pero ahora, a las puertas de que la cuarta revolución industrial lo ponga todo patas arriba, toca reevaluar la situación. ¿Es la Formación Profesional una herramienta adecuada para armarnos ante los retos que se nos avecinan?

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