Este señor es el padre de Bimba y Lola

Hombre de negocios, de números y de campo. Jesús Domínguez es el impulsor de Bimba y Lola; también de Lonia Textil y de Petra Mora. Ese es su currículo, cuyas primeras líneas se remontan a su trabajo en la empresa familiar Adolfo Domínguez e Hijos. Su capacidad de trabajo le permite estar a trescientas cosas a la vez sin estresarse. Hoy participa en un proyecto con el CSIC

Jesús Domínguez y su mujer Herme en una de las escasas fotografías públicas que existen. Fue tomada en el 2003.
Jesús Domínguez y su mujer Herme en una de las escasas fotografías públicas que existen. Fue tomada en el 2003.

Redacción / La Voz

Jesús Domínguez (Pobra de Trives, 1951) es el impulsor de Bimba y Lola, o lo que es lo mismo, el padre de María y Uxía, las dos mujeres que hoy dirigen una compañía que acaba de cumplir diez años con unas ventas en el 2017 que rondarán los 180 millones, tras incrementarlas de nuevo a ritmos de dos dígitos. También fue cofundador de Textil Lonia (STL), impulsor, junto con padres y hermanos, de Adolfo Domínguez, y creador de Petra Mora.

Jesús es hijo de Adolfo Domínguez Estévez y de Josefina Fernández Fernández. La emigración marcó sus orígenes. Primero su abuelo por parte de padre, que se marchó a Río de Janeiro, donde regentó un negocio de panadería y pastelería. Luego su padre -llegó a España con cinco años-, se fue a Cataluña a trabajar siendo muy joven. Tras la Guerra Civil, se colocó en una oficina del banco Hispano Americano en Sabadell. Conoció a Josefina y se casaron. La primera en nacer fue Ada, abreviatura de Inmaculada -ya fallecida-, y fue entonces cuando su madre y la recién nacida volvieron a Trives. Ahí comenzó el primer negocio textil de la familia: el padre compraba tejidos y los enviaba en tren hasta Trives, donde Josefa los recogía y los vendía. El dinero obtenido lo volvía a enviar a Sabadell para repetir el proceso: comprar telas, enviarlas a Galicia y venderlas. A los pocos años, el padre volvió a su tierra con la idea de quedarse y dedicarse al textil. Creció el negocio y en poco tiempo consiguió adquirir una pequeña casa en un bajo de Pobra de Trives (1950), donde nació la primera tienda de la familia en la que se hacen trajes a medida. A los Domínguez les iba bien y decidieron crecer hacia Ourense. Allí trasladan la Sastrería Camisería El Faro, localizada en el número 60 de la avenida de La Habana.

La familia fue creciendo. Después de Ada, nació Adolfo, un año después, Jesús, luego María José, Javier y Laura. Poco a poco todos los miembros se incorporan al negocio. Adolfo Domínguez, el hijo mayor de los varones, viajó a Inglaterra, a Francia, y volvió a El Faro. Fue en 1973 cuando el patriarca de la familia decidió ampliar la empresa y montó una fábrica en el polígono de San Cibrao das Viñas. Tres años después creó Adolfo Domínguez e Hijos, que dará paso a Adolfo Domínguez S.A. En esta compañía trabajaban cuatro descendientes cuando en 1991 un incendio arrasó con maquinaria, diseños, patrones, prendas, contabilidad... con todo. Hasta ese momento, Adolfo y Jesús formaron un tándem perfecto: uno centrado en el diseño, el otro en los números. Pero con el incendio llegaron las disputas familiares y fue entonces cuando decidieron sacar la empresa a Bolsa. Se fijó su precio y Adolfo se separó de sus hermanos una vez abonada su participación. Solo Laura se queda [hoy está en el departamento de arquitectura].

Jesús, Javier y María José fundaron STL (Sociedad Lonia Textil), donde desde entonces impulsan marcas como Purificación García y CH Carolina Herrera. Pero de nuevo, Jesús decidió salir de la compañía, aunque esta vez, confesó en alguna ocasión, sin enfados. Fue en el 2005. No vende sus acciones de Lonia, que hoy suman un 25 % del capital. Sus otros dos hermanos tienen otro 25 % cada uno y el resto está en manos del grupo Puig, que se hizo con este paquete tras adquirírselo a Louis Vuitton.

En Lonia trabaja su esposa, Herme. Una mujer infatigable, que no para de viajar, de producir. Ambos están muy compenetrados tanto desde el punto de vista personal como empresarial.

Sus próximos coinciden al definir a Jesús Domínguez como un extraordinario empresario, trabajador intenso y buena persona que tiene una característica: adolece de empatía social. [No quiere entrevistas y prácticamente no existen fotos públicas de él]. «Jesús Domínguez es raro, raro, pero todo lo que toca le sale bien. Quizá porque es constante y emprendedor. Nunca lo ves agobiado aunque esté en todo. En resumen, lo calificaría como una persona que genera movimiento», explica uno de sus amigos más próximos. 

De Ourense a Vigo 

En enero del 2006 ya había diseñado empresarialmente Bimba y Lola, que hoy dirigen sus hijas María y Uxía.

Desde que inició el negocio, viajaba todos los días de Ourense a Vigo, donde se encuentra la sede de la compañía. A las diez de la mañana ya estaba en las instalaciones, que no dejaba antes de las 6 de la tarde. Colaboradores directos recuerdan su corrección en el trato y su capacidad de trabajo. «Podía hacer 300 cosas a la vez. Es muy práctico, muy intuitivo y serio. A golpe de vista es capaz de ver aquel detalle del que tú dudaste mil veces», dice una persona que estuvo en plantilla. 

Manda sin gritar 

Jesús Domínguez no es ese tipo de empresarios que gasta bromas. En cinco años, aseguran algunos de los consultados, no lo vieron jamás enfadado, aunque sí preocupado. Tampoco nunca gritó y, dicen, que es respetado por ser válido. En sus empresas se rodea de personas de confianza, que le procuran información de primera mano. Pero, eso sí, cuando toca reunión familiar, no hay nadie externo.

Desde el primer momento, en Bimba y Lola -se llama así por el nombre de dos perros galgos, logotipo de la compañía- dejó paso a las decisiones que iban adoptando sus hijas. «¿Quién dijo que esto fuera así?», preguntaba. Y si la respuesta era María o Uxía, nada había que decir. Las dejaba hacer.

Comía en el comedor de la empresa, donde no se le preparaba ningún menú especial. No había diferencias con el resto del personal. Se sentaba en cualquier lugar de aquellas mesas largas y almorzaba con «el que le tocara». Al principio, en ocasiones, también traía túper.

Su estilismo es tranquilo y repetitivo, nunca lleva nada estridente ni llamativo. «El coche sí lo ha ido variando y mejorándolo», dicen.

En estos años, tampoco ha cambiado de amigos, a los que les es leal. Mantiene a los de la infancia, y a ese grupo se han incorporado algunos a lo largo de los años. Tiene una casa en A Toxa, y allí, algún verano, los invitó a alguna merienda. Los convidados las recuerdan: «En lugar de un gin tónic, sacó vino, pan y chorizo de casa [siempre hizo matanza con sus primos por parte de padre], que estaban de muerte».

Aunque él jamás lo reconocería abiertamente, un buen amigo suyo piensa que políticamente es más de izquierdas, concretamente del PSOE, «incluso en la época mala del partido». 

Desde golf hasta tiro al plato

Fue -lo sigue siendo aunque de otra manera- muy deportista. Jugó al golf, al tenis, al tiro al plato. Hace mucho ejercicio. Hoy vive en una finca que compró en el 2008 en Granja de Moreruela (localizada en la provincia de Zamora, pero muy cerca de Benavente). Son 600 hectáreas delimitadas por el río Esla y el Monasterio de Santa María de Moreruela. Cría vacas de raza pardoalpina y ovejas churras, y desde allí el empresario puso en marcha Petra Mora, una empresa de productos de delicatesen online, donde da salida a su producción de carne y quesos, pero también a vinos, chorizos, conservas de alta calidad, aceites, utensilios de cocina, chocolates, pescados y mariscos, dulces variados, libros... La entrega se garantiza en 24 horas y la presentación de los encargos es de diseño. El empresario llevaba meses con el proyecto en la mente y decidió que Petra Mora no naciera como un negocio más, sino con ciertas dosis de altruismo. El actual objetivo es conseguir la mejor carne y la leche de oveja con Omega 3. Para ello participa en una investigación con el CSIC. En Benavente Domínguez está feliz. Desde que le dio un pequeño arrechucho disfruta aún más de una finca que le dio vida y futuro al pueblo.

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