Construya su hucha para la pensión

Según las previsiones del Gobierno, en el 2050 la jubilación pública apenas cubrirá el 50 % del último salario; la edad, la estimación de las necesidades futuras y la fiscalidad, claves para planificar el ahorro


Redacción / La Voz

lVale, le han convencido. Por mucho que la clase política insista una y otra vez en que las pensiones están garantizadas, tanto debate sobre la reforma del sistema y la salud de la hucha de la Seguridad Social le han metido algo de miedo en el cuerpo. Y por eso, siguiendo el consejo que ha escuchado tantas veces en los últimos años, ha decidido empezar a ahorrar para la jubilación.

No le faltan razones para dar el paso. Según un estudio de la Comisión Europea, elaborado con las previsiones del propio Gobierno español, la tasa de reemplazo (el porcentaje que supone la pensión respecto al último salario percibido) pasará del 80 % actual -una de las prestaciones más generosas de Europa- a poco más del 50 % -en la media del continente- en el año 2050. ¿Qué quiere esto decir? Que un trabajador que cobre unos 1.000 euros al mes, recibiría unos 800 euros de pensión si se retirase ahora, pero si le toca jubilarse dentro de 35 años, tendrá que conformarse con solo 500, una proporción que podría resultar insuficiente para garantizar un nivel de vida decente si se incorporan además variables como el incremento del coste de la vida.

Por eso, son muchos los que, incluso sin demasiado margen para estirar el sueldo, se han decidido a empezar a planificar su propia hucha para la pensión. Por lo que pueda pasar. Estos son algunos de los puntos claves que hay que tener en cuenta si quiere ahorrar para la tercera edad.

? Cuanto antes empiece, mejor. No encontrará ningún experto que no esté de acuerdo en eso. «Cuanto antes se empiece a ahorrar, menor será el esfuerzo y mayor la rentabilidad», explica Eva Tamayo, directora comercial de Vida-Salud de Mapfre en España, que entiende que «los ciudadanos, también los más jóvenes, cada vez son más conscientes de que para garantizar el mismo nivel de vida y la estabilidad de los ingresos cuando una persona se jubila va a ser necesario recurrir a sistemas de ahorro privados». Tomar decisiones a una edad temprana permite alcanzar los objetivos de ahorro de forma más sencilla, aportando menos dinero al mes, al tiempo que se aprovecha la mayor rentabilidad acumulada durante ese largo período de tiempo.

? Antes de decidir, estudie sus necesidades futuras. Para David Carrasco, director del Instituto BBVA de Pensiones, el gran problema para definir las necesidades de ahorro es la falta de información que tiene el ciudadano: «Es muy difícil planificar algo a tan largo plazo como la jubilación sin tener claro en qué condiciones te vas a retirar». No ayudan decisiones como suspender el envío de cartas a los cotizantes mayores de 50 años informándoles de la estimación de su pensión futura, un proyecto anunciado por el Gobierno en la pasada legislatura que de momento ha quedado aparcado en un cajón. Pero, pese a la escasa colaboración de los poderes públicos en la tarea, Carrasco recuerda que existen simuladores (entre ellos en la web del Instituto BBVA de Pensiones, www.jubilaciondefuturo.es) que permiten estimar la cuantía de la pensión que se recibirá o lo que se debería ahorrar cada año para mantener un determinado nivel de renta tras el retiro. Carrasco recuerda que la OCDE recomienda una cobertura de al menos el 70 % del último salario, aunque son cifras puramente estimativas, que estarán muy condicionadas por el sueldo del trabajador y por las necesidades personales (que tenga o no hipoteca, cargas familiares...).

? No hay reglas de oro, cualquier vía de ahorro es válida. Una vez determinadas las necesidades de ahorro -o la capacidad, ya que no todas las nóminas pueden estirarse igual-, llega el momento de decidir cómo se realizará la inversión. Carrasco insiste en que no hay una «regla de oro» y que, aunque existen productos diseñados específicamente para planificar la jubilación (planes o seguros), existen alternativas menos convencionales que pueden ser igualmente válidas, como la adquisición de inmuebles para asegurarse unas rentas por alquiler, la aportación a fondos de inversión o la apuesta por construir una cartera de valores en bolsa. Cada ahorrador debe decidir, asesorado por un especialista, cuál es la solución que mejor se adaptará a sus necesidades futuras.

Si opta por los productos tradicionales de ahorro-jubilación, la edad y el perfil del inversor serán claves para decidir por cuál optar. Así, Eva Tamayo explica que «para personas que comiencen a ahorrar con edades en torno a 30 años, se recomendaría contratar planes de pensiones con perfiles de inversión de mayor riesgo para tratar de optimizar la rentabilidad, al contar con mucho recorrido». En el entorno de los 45 años, la decisión dependerá más de si se prima el ahorro fiscal o la liquidez. En el primer caso serían aconsejables planes de pensiones (cuyas aportaciones solo se pueden rescatar en ciertos supuestos, muy tasados, como desempleo o enfermedad grave tanto del titular como de un familiar); en el segundo, se puede optar por planes individuales de ahorro sistemático (PIAS), «seguros que permiten canalizar un ahorro a largo plazo con rentabilidad garantizada, con lo que el cliente se asegura rentas mensuales a futuro para complementar otros ingresos». El último supuesto es el de los trabajadores más próximos al retiro, sobre los 60 años, a los que Tamayo recomienda planes de previsión asegurados (PPA), que a diferencia de los planes de pensiones clásicos aseguran una rentabilidad mínima, por lo que «pueden ser una buena alternativa para consolidar rentabilidades obtenidas y no seguir exponiéndose a ningún riesgo».

¿Y cuánto aporto? De nuevo, depende de los objetivos que se haya marcado cada cual, pero Aegon aconseja, en su guía para preparar la jubilación, reservar en torno al 10 % de los ingresos y recuerda que lo principal es «ser constantes», ya que «ahorrar mes a mes supone a largo plazo cerca de un 4 % de rentabilidad adicional respecto a realizar una aportación única a final de año».

? Estudie bien las implicaciones fiscales. Por último, pero no menos importante, infórmese bien de las implicaciones fiscales del producto que contrate. Algunos, como los planes de pensiones, supondrán un ahorro durante la vida laboral, ya que las aportaciones reducen la base imponible del contribuyente, por lo que reducen la cuota del IRPF (alguien que aporte unos 1.000 euros anuales y tenga un tipo marginal del 30 % podría recuperar 300 euros en la declaración de la renta) con un límite de aportación anual de 8.000 euros al año. Sin embargo, en el momento del rescate la prestación obtenida tributa también en el impuesto de la renta, y lo hace como rendimiento del trabajo, en la base general, con tipos que pueden llegar al 45 % en Galicia.

Diferente es el caso de los PIAS, que si bien no permiten reducir la cuota del IRPF en el momento de realizar las aportaciones, tienen una fiscalidad mucho más ventajosa cuando se recupera el dinero, sobre todo si se hace como renta vitalicia. Además de tributar a los tipos del ahorro, más reducidos (entre el 19 y el 23 %), en función de la edad a la que se empiece a cobrar quedará exenta entre un 60 y un 92 % de la cuantía percibida, siempre que hayan pasado al menos cinco años desde la primera aportación.

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