El futuro de las renovables

España se destaca por ser un país, en el conjunto de la UE, que ha hecho importantes inversiones en energías alternativas a las convencionales. En algún momento, incluso por encima de Alemania. Su desarrollo pasa por impulsar políticas de innovación en tecnología y capaces de crear mercado


Profesor de Economía

El mes pasado, la Comisión Europea advirtió a España de un probable incumplimiento del objetivo de energías renovables. Un incumplimiento que para la Agencia Europea del Medio Ambiente derivaría de la eliminación de las primas a dichas energías, cuando el Gobierno decretó una moratoria a las renovables en el 2012. Por su parte, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia alertó sobre cortapisas al autoconsumo fotovoltaico, un véctor que considera imprescindible para alcanzar dichos objetivos.

Las fuentes de energía renovables (FER) tienen un valor estratégico crucial para un país. Porque le permiten ganar autonomía respecto a la dependencia de suministro de las energías convencionales (hidrocarburos, gas, carbón, nuclear), tanto en suministros como en precios. Y, no menos importante, porque le permiten disminuir sus emisiones contaminantes que provocan tanto daños climáticos globales, como ambientales locales (lluvia ácida, contaminación urbana, etc.).

Son dos argumentos que facilitan una mejor calificación sobre la situación de un país cuanto mayor sea en él el peso de estas FER.

EVOLUCIÓN 

Para el año 2013, la producción media de energías renovables en la UE se situaba en unas 14 toneladas equivalentes de petróleo por millón de euros de PIB (TEP/PIB). Para este indicador, Alemania estaba en 12 TEP/PIB, mientras España alcanzaba las 16,6 TEP/PIB. Alemania estaría aún por debajo de la media europea (84 %), mientras que España se situaría por encima (117 %). Aunque debe matizarse que como nuestra dependencia energética es muy superior a la alemana nos obligaría a ser especialmente ambiciosos en las FER. Países con un peor nivel de FER serían Hungría, Polonia o Reino Unido y países con mejor nivel serían Austria o Suecia.

La situación actual española es, por tanto, positiva. Pero bien podría suceder que, si se rompiese la tendencia de los últimos años, dejásemos de estar en el grupo virtuoso de países de la UE en cuanto a cuota de FER. Que algo así podría ocurrir lo visualiza un primer gráfico donde recogemos la evolución (en miles de TEP) de estas energías limpias entre el año 2002 y el 2013 en España y Alemania.

De su análisis, se desprende que mientras en el año 2003 generábamos con FER un 73 % de las energías que generaba Alemania, diez años más tarde dicho porcentaje se ha reducido al 52 %. Sin duda, porque en Alemania se estaría favoreciendo la penetración de estas energías de una forma mucho más intensa que en España. Un asunto al que no es ajeno el hecho de que en aquel país se hayan comprometido a una desconexión completa de su parque de generación nuclear. Pero tampoco es ajena a esta creciente brecha el que en España se haya suspendido las políticas de estímulo a las FER.

Para precisar algo más el diagnóstico comparativo es útil visualizar la estructura interna de las distintas FER en España, Alemania y la media de la UE. Es lo que hacemos en un segundo gráfico para el año 2013 y en el que se recoge el aporte de cada fuente renovable al total del respectivo volumen total.

Lo primero que llama la atención es que tanto en Alemania como en la media de la UE el vector más determinante es el de los biocombustibles. Tanto biocarburantes como biogás, biogasolina o biodiésel. Mientras en esos espacios superan un 60 % de las FER totales, en España no llegan al 40 %. Habría aquí una asimetría que debiera corregirse en nuestro país, junto con la que tiene que ver con la biomasa y los RSU.

Esta menor importancia de los biocombustibles se ve compensada por el mayor aporte español en energía hidráulica y, sobre todo, eólica. En el caso de la energía solar habría que hacer una precisión importante: que mientras en la solar para usos térmicos nuestra situación está por encima de la media europea en lo relativo a la solar fotovoltaica estamos por debajo. Es ésta una precisión que no puede observarse en el gráfico, donde el conjunto de la energía solar aparece como más importante entre nosotros. Respecto a Alemania, estamos más especializados en la solar térmica que en la fotovoltaica.

LAS POLÍTICAS NECESARIAS

La promoción de las FER descansa en dos tipos de políticas: de oferta y de demanda. Entre las primeras las que favorecen la innovación en tecnologías cada vez más eficientes y, entre las segundas, las que crean mercados para las mismas. Las primeras dependen de recursos públicos en I+D+i (lo que se llama capital paciente) y las segundas de primas y ayudas públicas que cubran el mayor coste de generación respecto a las fuentes convencionales. En ambos casos, la acción pública es imprescindible como muy bien se documenta para países como Alemania, China o EE.UU. en el reciente libro de Mariana Mazzucato El Estado emprendedor (Editorial RBA). 

Para esta autora, España no estaría teniendo en la actualidad un compromiso con los mercados y la innovación en FER a medio y largo plazo. Habríamos caído en lo que se denomina políticas de empezar-detener. Que, por ejemplo, obliga a los generadores domésticos de solar fotovoltaica bien a estar fuera de la ley, bien a desconectarse de la red. Y esto sería especialmente grave en un país que tiene una muy superior dependencia energética de la que anota Alemania.

Los esfuerzos públicos en innovación y en apoyo a los mercados deben ser a largo plazo hasta que sus costes se igualen a los de las fuentes energéticas convencionales. Pues aunque, por ejemplo, la energía eólica haya reducido su coste en diez veces en los últimos cuarenta años, aún necesita ese doble impulso continuado. E igual en la solar. Un esfuerzo que vendría justificado por neutralizar los costes ocultos (ambientales) que no recogen los precios de mercado de las energías convencionales. 

Habría aquí razones de seguridad nacional energética y ambiental, para favorecer un empuje  singularmente necesario en la solar fotovoltaica, la eólica marina, la biomasa o en los biocombustibles. Como se demuestra para el vector eólico en Dinamarca, o para el solar en China. Por no hablar del programa alemán de cien mil tejados para inversiones residenciales en energía solar. Un país en el que, como se observa en el tercer gráfico que presentamos, el conjunto de las ayudas para favorecer la penetración (en el mercado y el consumo) de las FER se vienen situando por encima de las que se han otorgado en España.

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