Michael Hornberger, investigador en alzhéimer: «A veces es mejor seguirle el juego a una persona con demencia»
ENFERMEDADES
El experto explica que las nuevas terapias para la proteína amiloide son capaces de eliminar hasta el 80 % de la acumulación de las placas, reduciendo también los efectos secundarios
21 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El alzhéimer es una enfermedad compleja y progresiva. Las modificaciones que experimenta el cerebro con esta patología son las responsables de los síntomas frecuentemente asociados a ella, desde la alteración de la memoria hasta la desorientación espacial. El doctor Michael Hornberger describe el cuadro como uno en el que la persona se encuentra «anclada al pasado». Profesor de investigación aplicada en Demencia y vicedecano de innovación en la Norwich Medical School (Reino Unido), el experto natural de Alemania se doctoró en el University College de Londres antes de trabajar en la Universidad de Cambridge. Actualmente, dedica su labor de investigación a encontrar métodos para mejorar el diagnóstico, el seguimiento y tratamiento de los síntomas del alzhéimer. En su nuevo libro, Enredados (Crítica, 2026), explica qué podemos hacer para contribuir a frenar el avance de esta patología.
—En su libro explica la diferencia entre la enfermedad de Alzheimer y la demencia, ¿por qué nos cuesta diferenciarlas a nivel social?
—Tenemos que pensar que la demencia es un término paraguas que engloba diferentes enfermedades. El alzhéimer es, simplemente, la forma más común. Supone cerca del 70 % de las personas que tienen alguna demencia. A nivel social, quizás no importe tanto cómo la llamamos, pero a nivel clínico, sí que hay una gran diferencia, porque los síntomas, la progresión y los desafíos a los que se enfrenta la gente que tiene la enfermedad van a variar según las diferentes demencias.
—En el alzhéimer, en concreto, tenemos uno de los avances más recientes, que ha sido el descubrir biomarcadores como la beta amiloide o la proteína tau. ¿Cómo están cambiando estos descubrimientos la forma en la que se diagnostica la enfermedad y su tratamiento?
—Hasta ahora, el diagnóstico del alzhéimer se ha hecho sobre todo en base a síntomas clínicos, no por biomarcadores. Pero es cierto que los biomarcadores van a cambiar completamente la manera en la que vamos a diagnosticar el alzhéimer en el futuro. Dejaremos de definir la enfermedad en términos clínicos para empezar a entenderla biológicamente y veremos que la gente recibirá el diagnóstico por los niveles de proteína que tiene en el cerebro, antes que por sus síntomas.
—En este sentido, ¿cree que tiene utilidad diagnosticar o detectar el riesgo de alzhéimer cuando todavía no tenemos un tratamiento curativo o algo que frene eficazmente el progreso de la enfermedad?
—Es verdaderamente un dilema ético que podamos determinar si las personas padecen un alto riesgo de desarrollar demencia. ¿Qué hacemos con esta información? ¿Se lo decimos a los pacientes? ¿Los pacientes lo querrán saber? Creo que es una consideración muy individual. En mi experiencia, hay mucha gente que quiere saber lo que le está ocurriendo y otras que prefieren que el destino decida lo que va a ocurrir con sus vidas. Pero esto va a cambiar una vez que los tratamientos mejoren y ya estamos viendo la próxima generación de terapias para la amiloide que son capaces de eliminar hasta el 80 % de la acumulación de las placas reduciendo también los efectos secundarios. Entonces entramos en un escenario totalmente diferente, en el que vamos a poder ofrecer un tratamiento que permita frenar el avance de la enfermedad. Otro aspecto importante es que, si tienes un riesgo aumentado de demencia, cambiar tu estilo de vida puede tener un impacto impresionante, reduciendo el riesgo hasta en un 50 %. Entonces, si conoces ese riesgo, hay maneras muy claras de actuar.
—¿Cuáles son los cambios en el estilo de vida que pueden favorecer un desarrollo más lento del alzhéimer?
—La mayoría de los cambios tienen que ver con cuidar nuestra salud cardiovascular y mejorarla, porque nuestro cerebro necesita muchísima sangre y oxígeno provenientes del corazón. Un buen estado cardiovascular es también bueno para el cerebro y reduce el riesgo de contraer demencia. Controlar la presión arterial y el peso, no fumar, no beber demasiado alcohol, hacer ejercicio de manera regular son factores importantísimos. Otros factores incluyen la dieta mediterránea, que se ha demostrado que reduce el riesgo de demencia, y también cuidar el sueño, porque nuestro cerebro elimina estas proteínas sobrantes durante este descanso. Si tenemos un patrón de sueño interrumpido, esto puede aumentar nuestro riesgo de demencia.
—¿Qué avances recientes en la investigación sobre el alzhéimer son los más prometedores?
—Desde hace unos años, el campo se ha abierto. Una parte de la investigación se enfoca mucho más en el desarrollo preclínico de estos síntomas y en cómo reducir el riesgo para las personas que están desarrollando la enfermedad. Con marcadores iniciales que podamos detectar a través de analíticas podríamos tratar a esos pacientes. Y por otro lado, está la gente que ya tiene la enfermedad. Para que los pacientes tengan una vida independiente el mayor tiempo posible, es importante también implicar también a quienes le rodean: su familia y sus cuidadores. Tenemos que pensar en cómo educar a las familias y a los cuidadores para cuidarles mejor. A menudo vemos que los pacientes de demencia se sienten aislados y eso suele empeorar mucho el cuadro. Cuando la gente está rodeada de cuidadores o de su de familia, se nota mucha mejora.
—¿Qué consejos daría a quienes cuidan de un familiar mayor?
—No nos debería preocupar si alguien tiene de vez en cuando un olvido de un nombre o de algún dato. Esto me ocurre a mí de manera regular. En términos de detección del problema, la demencia tiene más que ver con la situación en la que la persona empieza a repetir la misma pregunta una y otra vez el mismo día. Ahí es cuando empieza a ser preocupante y merece la pena hacer una visita al médico. Otro síntoma al que hay que estar atento es que cuando la gente desarrolla demencia, su memoria de los eventos más recientes es muy pobre, pero su memoria de los eventos que han sucedido hace mucho tiempo es bastante nítida y clara. Una vez que la enfermedad está diagnosticada, nosotros decimos siempre a los cuidadores que tienes que cuidarte a ti para poder cuidar a los demás. Cuidar es un trabajo muy duro, 24 horas al día, siete días a la semana, y tienes que cuidarte muchísimo para poder hacerlo.
—¿Qué es lo que más preguntan los familiares ante el diagnóstico?
—Lo primero que quieren saber es qué va a pasar después, qué viene ahora y cuánto tiempo tenemos. Y estas son las preguntas más difíciles de responder, porque cada individuo es diferente. En los familiares suele haber una respuesta en dos fases. La primera es lo que llamamos duelo anticipatorio. Es una sensación de que ya has perdido a ese ser querido. Pero después, una vez que la persona empieza a perder sus memorias, a menudo se encuentra alegre o feliz. Entonces, vuelve a ser fácil para la familia acompañarle, porque aunque en cierto grado ya le han perdido, saben que está contento. Es un viaje emocional muy difícil el saber que vamos a perder a esa persona a la que queremos mientras siguen con vida.
—Cuando una persona con alzhéimer empieza a preguntar por un familiar que murió, ¿deberíamos recordárselo?
—Si traen a colación memorias antiguas de personas que creen que siguen vivas cuando ya han fallecido, eso es una situación muy difícil y creo que depende de la familia el decidir cómo proceder. Pero puede ser algo muy triste para todo el mundo. Hay veces que es mejor seguirle el juego y convertirlo en algo más positivo, quizás recordando memorias compartidas positivas o alegres con esa persona para que todos puedan recordarla, aunque esa persona haya fallecido hace mucho tiempo.