Así se siembra en la «leira» del mar

En lugar de tomates o judías, aquí se planta semilla cuyos frutos serán hermosas almejas. Los tractores aran los fondos de las rías, las «incubadoras» del marisco


redacción / la voz

Quien tiene un banco marisquero tiene una leira... debajo del mar. Salvando las distancias, claro. Aquí también se pasa el arado. Un tractor hace las veces. «Non lle fai ningún dano ao fondo. Ao contrario -explica Clemente Bastos, patrón mayor de Redondela y presidente de la Asociación de Marisqueo a Flote Ría de Vigo- venlle moi ben que se mova a terra de vez en cando». En Rodeira, Cangas, acaban de sembrar 4,5 millones de unidades de almeja babosa en una superficie de 30.000 metros cuadrados. La relación entre cantidad de suelo y semilla la establecen los biólogos. De momento, apenas son visibles, pero a lo largo de unos años esos ejemplares crecerán desde los nueve a los dieciséis milímetros que miden ahora mismo a los cuatro centímetros que alcanzarán en su madurez, cuando estarán listos para ser recogidos. Por el medio deberán lidiar con no pocos enemigos. «A ameixa babosa quérea todo o mundo, os caramuxos, os cangrexos...», explica Bastos. Un manjar muy codiciado que se ha topado con otro depredador que está aguando la fiesta de forma especial en la ría de Pontevedra, la estrella de mar, pero para lo que la Consellería do Mar ha dispuesto la posibilidad de colocar nasas en las zonas recuperadas, para evitar que se «carguen» todo el trabajo realizado. «Polo menos ata que as ameixas non acaden o tamaño suficiente para enterrarse baixo a area e permanecer ocultas aos ollos dos cazadores». Y por el camino, a lo largo de esos 24 meses de espera, muestreos para seguir su crecimiento y controles para vigilar a las especies que acechan sus cultivos, de cara a mejorar estrategias en futuros proyectos de siembra.

 En Arousa, japónica

No tienen las mismas ayudas ni los mismos rivales, pero también cultivan almeja. Japónica en el caso de Arousa. «Al no tratarse de una especie autóctona, no tenemos las mismas subvenciones de la Xunta», reconoce Puri Díaz, mariscadora de O Grove. «Intentamos varios proyectos con variedad fina pero llega una etapa que siempre se nos muere». No obstante, lo comido por lo servido, porque también saben que la japónica es «la más rentable en tamaño y precio, y no está afectada por bacterias como la babosa, por eso es también la que más se trabaja».

El proceso es similar al de a flote. «Todos los años compramos semilla, preparamos la zona donde la vamos a echar, arando con el tractor, para que se entierre antes de que venga la marea». La Cofradía de O Grove pone un tanto por ciento anual del presupuesto para la adquisición de semilla. «Este ano había tan pouco que decidimos aportar, individualmente, vinte euros mensuais».

Si la semilla, que viene de bateas de la zona, es muy pequeña, recurren a unos viveros, y colocan una red con piedras «para evitar que se vaya para arriba y muera». Una vez está lista para ser recogida, «vamos allí con la sachita pequeña y la sacamos, mientras otros componentes de la agrupación la van echando al mar». Después, toca esperar unos cuantos meses, «aunque menos tiempo que la babosa». Tiempo en el que la japonesa, como también la llaman, ha de enfrentarse a sus particulares bestias negras. «Sobre todo la canaílla, que vino de fuera, y las algas del verano. Esta semana estuvimos intentando limpiar pero al ser mareas tan vivas, si el mar no baja no las puedes quitar, y cuando puedes ya es demasiado tarde, y el marisco que estaba debajo ha muerto asfixiado», explica Puri, que también se acuerda de los furtivos de bañador, otro enemigo que deben combatir, con vigilancia de guardacostas, cuando los hay, o ellas mismas. «En temporada estival nosotras cogemos las riendas, porque no hay suficientes ojos. Aquí ni siquiera hay carteles de advertencia, como en otras playas», lamenta.

Hace unos días sembraron en O Redondo, A Toxa, donde ya se está agotando. «El tamaño ya no es comercial así que hay que dejarla». Unas playas se cierran mientras otras se abren. «Mañana -por este lunes- empezamos en Moreiras (O Grove)». El trabajo va por zonas, y por temporadas. «Ahora estamos extrayendo pero al no haber gran cantidad de individuos tienes que dejar tiempo para que desove y se reponga».

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