Ellas también se hacen a la mar

Mitad gallega, mitad namibia, Zoe Morlán acaba de terminar el ciclo superior de Máquinas en el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico de Vigo


redacción / la voz

Zoe Morlán Paulse nació en Walbis Bay, Namibia, hace veintiséis años. De madre africana y padre gallego, en su rostro puede apreciarse una mezcla de rasgos exóticos y patrios. Se mudó a Galicia cuando sopló doce velas. «Se podría decir que soy de aquí, gallega», asegura.

Quizás haber crecido en dos países donde la pesca tiene un gran peso haya marcado su destino profesional. Eso, y la tradición marinera familiar. Su progenitor, de Marín, fue mecánico de barcos. «Pero a él nunca le gustó que yo me metiera en esto, ¿eh?, porque sabe lo duro que es», matiza Zoe, que estudia el último curso del ciclo superior de máquinas en el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico, en Vigo. «Con solo decirte que cuando me aceptaron en la escuela yo estaba en Alemania y él no quería ir al centro para ayudarme con la matrícula», recuerda. Sin embargo, a día de hoy «es el primero en apoyarme».  

«Soy uno más»

Es una de las pocas chicas que se manejan entre motores y gafas de soldadura. Pero no la única. En las clases la acompaña Laura, bonaerense de 38 años, otra emigrada a Galicia picada por el gusanillo, en este caso el anzuelo, del mar.

No le gusta que les pregunten por qué eligió este camino laboral. «¿Acaso se lo preguntarían a un chico? Sé que no tenemos la misma fuerza que a lo mejor pueda tener un hombre pero solo habría que fijarse en las ganas de trabajar y en el talento de la persona». De ganas, desde luego, va sobrada. Zoe destila pasión por el oficio. Lo ha mamado y se nota: «Es un mundo fascinante, misterioso y apasionante a la vez. Difícil, eso sí. Pero no creo que se pueda crear nada interesante desde una zona de confort -explica-. Tienes que trabajar desde el miedo y ser consciente del fracaso, porque solo así se puede aprender», comenta con una pasmosa madurez.

«En la escuela siempre me han tratado como uno más. He tenido a los mejores compañeros. Lo que le falta a uno lo aporta el otro. Somos un buen equipo. Y en eso consiste un barco, en formar un buen equipo, porque al final esa cáscara flotante va a ser tu casa».  

Su bautismo de mar

Ya ha estado embarcada, una prueba de fuego indispensable para saber si uno está preparado para hacerse a la mar. Su bautismo tuvo lugar precisamente en aguas namibias, donde hizo las prácticas, básicamente tareas de mantenimiento en la máquina propulsora del buque. «Solo puedo dar las gracias por la oportunidad que me brindaron. En el viaje a África recé lo que no está escrito. Era mi primera vez y no sabía lo que me esperaba. Hoy puedo decir que fue la mejor experiencia de mi vida. Me tocó un jefe con mucha paciencia -sonríe-, alguien que tenía interés en que los demás aprendiesen. Así que solo les deseo a las chicas que vengan detrás que tengan la misma suerte que tuve yo».

Hablando de esas mujeres que seguirán sus mismos pasos, Zoe está convencida de que cada vez habrá una mayor presencia femenina en el sector. «Yo lo que les aconsejo es que sean abiertas de mente, que aprendan algo todos los días, que roben con los ojos y que si tienen alguna duda, pregunten. Como en todas partes, siempre habrá críticas o gente que te quiera pisotear, pero nunca, nunca -remarca- se sientan inferiores a los demás».

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Lucía Vidal
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Es lo más parecido a estar al timón de un barco sin siquiera tocarlo. Aquí no hace falta biodramina. «Recreamos lo más fielmente posible la vida real», explica Javier Sánchez, profesor de Radiocomunicaciones y Técnicas de maniobras en el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico, con sede en Vigo. En esta sala de puente de mando, con seis puestos y dotada de la última tecnología, hoy toca práctica de salvamento. Misión: localización y rescate de una persona en aguas del Estrecho.

El escenario puede ser modificado a antojo, de forma que en un santiamén se recorren de forma virtual miles de millas para de repente, navegar por el concurrido Canal de la Mancha. «Podemos añadir tráfico y así los alumnos pueden aplicar la reglamentación para evitar colisiones. Es la ventaja de aprender haciendo», comenta Javier, que lleva tres años dando clase en este centro, referencia nacional en pesca y navegación. Algunos alumnos manejan cargueros, otros pesqueros o remolcadores. Interactúan con otros barcos echando mano de los equipos de comunicación. Cada mesa dispone, además de una pantalla de alta resolución, de dispositivos de control del buque y ayudas a la navegación, como GPS, sistema de identificación automática, ecosonda, cartografía electrónica o radar. 

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