El mar busca relevo en las aulas gallegas

En el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico, con sede en Vigo, ya hay más demanda de plazas que oferta para conseguir una titulación en pesca y navegación

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El mar, un valor seguro en el mercado de trabajo, busca relevo en las aulas gallegas En el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico, con sede en Vigo, ya hay más demanda de plazas que oferta

Redacción / La Voz

Es lo más parecido a estar al timón de un barco sin siquiera tocarlo. Aquí no hace falta biodramina. «Recreamos lo más fielmente posible la vida real», explica Javier Sánchez, profesor de Radiocomunicaciones y Técnicas de maniobras en el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico, con sede en Vigo. En esta sala de puente de mando, con seis puestos y dotada de la última tecnología, hoy toca práctica de salvamento. Misión: localización y rescate de una persona en aguas del Estrecho.

El escenario puede ser modificado a antojo, de forma que en un santiamén se recorren de forma virtual miles de millas para de repente, navegar por el concurrido Canal de la Mancha. «Podemos añadir tráfico y así los alumnos pueden aplicar la reglamentación para evitar colisiones. Es la ventaja de aprender haciendo», comenta Javier, que lleva tres años dando clase en este centro, referencia nacional en pesca y navegación. Algunos alumnos manejan cargueros, otros pesqueros o remolcadores. Interactúan con otros barcos echando mano de los equipos de comunicación. Cada mesa dispone, además de una pantalla de alta resolución, de dispositivos de control del buque y ayudas a la navegación, como GPS, sistema de identificación automática, ecosonda, cartografía electrónica o radar. 

Aulas llenas

«Ahora mismo tenemos más demanda de plazas que oferta». Los cursos que se celebrarán este mes de marzo, tanto de Mariscador/a a pé como de Mariñeiro/a pescador/a están completos. Y es que aquí no solo se aprende a ser patrón de altura o litoral. «Hay titulaciones menores (en cuanto a atribuciones) para pesca más local y marisqueo. Cursos que van de quince días a tres o cuatro meses. Y hay más gente que quiere entrar de la que entra». Para el curso de percebeiro que tendrá lugar en mayo ya se puede realizar la preinscripción. «Aquí hubo un antes y un después de la crisis. A partir del 2008/2009, las matriculaciones repuntaron», reconoce.

El pasado año un total de 686 estudiantes cursaron titulaciones de formación no reglada que completaron a final del 2018. Ahora mismo hay 190 alumnos matriculados entre el primer y el segundo año de los ciclos medios y superiores de las titulaciones de máquinas y puente. Cada curso terminan los estudios veinte alumnos en el ciclo superior de puente y otros veinte en el medio, además de otra veintena en el ciclo medio de máquinas y en torno a cuarenta más, que salen del ciclo superior de máquinas.

El 2019 arrancará con novedades, en forma de FP Dual. Puerto de Celeiro fue pionero en el 2018, ofreciendo, junto a una veintena de armadores de la sociedad, la posibilidad de completar la formación en sus barcos a los alumnos de la Universidad Laboral de Culleredo (A Coruña). 

Una iniciativa entonces sin parangón dentro de España y con la que pretendían crear una cantera de tripulantes. Prácticas a bordo remuneradas, que cuentan como días de mar, y que realizarán también a partir del 2019 los alumnos del ciclo superior de máquinas del Instituto Marítimo Pesqueiro. En este caso será la Cooperativa de Armadores de Pesca del Puerto de Vigo (ARVI) quien colabore con el centro.

Expectativas vitales

Si tanta gente demanda este tipo de formación, la pregunta es inevitable: ¿Por qué falta relevo en la pesca? Los armadores se quejan de que no hay personal especializado para trabajar a bordo. «Las expectativas vitales de las generaciones actuales no son las mismas que las de hace veinte o treinta años. Entonces, aunque es una profesión en la que, según sectores y puesto, se puede ganar bastante dinero, hoy se valora mucho poder estar en casa». Sánchez menciona más factores que echan atrás a muchos jóvenes, por ejemplo, el estado de las comunicaciones. «Hay barcos que no están adaptados a los nuevos tiempos, a las comodidades a las que estamos acostumbrados en tierra. También falla, en los barcos más antiguos, la habilitación a bordo. Deja bastante que desear. La gente se forma, se especializa, y es consciente de que puede tener alternativas que no sean ir a la mar». Javier mira a los vecinos del norte de Europa, con un «modelo distinto. En los países nórdicos los barcos que se construyen tienen un enfoque más pensado en la tripulación, en el valor humano».

 

Desde el Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico demandan «hacer más atractiva la profesión a los futuros trabajadores». Javier, además de docente, ejerce como secretario de la escuela, una de las tres que dependen de la Consellería do Mar (las otras dos están en Ferrol y Ribeira). Este compostelano encontró trabajo cerca de su hogar y en lo que más le gustaba: «Me siento afortunado. Estudié la diplomatura de Náutica en A Coruña. Luego hice el ciclo superior en Barcelona», una decisión que sorprendió en casa. «De hecho, cuando les comenté a mis padres lo que quería estudiar se echaron un poco para atrás. La familia de mi padre es de puerto de mar. Y claro, esa idea de que se pasa mucho tiempo fuera, les frenaba. Me recomendaron que mirarse otras opciones pero a mí me sedujo muchísimo el plan de estudios de la carrera. Fue un descubrimiento total».

«Aquí gánanse cartos pero é un traballo duro»

En talleres en tierra o embarcados, todos los alumnos aseguran que hay futuro en este sector

Lucía Vidal

Pascual Ares lleva más de treinta años impartiendo clase. Y se nota. Explica todo lo que tiene que ver con automatismos, hidráulica y neumática, aunque en el pasado también impartió Física y Tecnología en la ESO. «Ao mar nunca andiven, eu son de terra», asegura, mientras recuerda sus cuatro años como jefe de mantenimiento en una empresa privada. En la sala de frío, que acaban de renovar, su responsable, Pepe, explica que las máquinas (dotadas de la última tecnología), «son como las que llevan los buques refrigeradores a bordo», mientras dos alumnos las ponen en marcha. En solo quince minutos alcanzan los cuarenta grados bajo cero.

Dos chicas entre motores

Un vistazo general a la zona de talleres basta para observar que los hombres son mayoría. «Pero tamén hai mulleres. Aquí temos dúas», replica Pascual. Una es Zoe, 26 años, nacida en Namibia, de donde es su madre, y de padre gallego (de Marín concretamente), mecánico de barcos. Con él navegó compartiendo buque (Zoe se dedicaba a tareas de mantenimiento de la máquina propulsora). Este año termina el ciclo superior de máquinas.

Aunque para la foto posan los chicos, enseguida hacen venir a Laura, que llega del área de soldadura, pertrechada con gafas y delantal de cuero. Bonaerense de 38 años, llegó a Galicia hace diecisiete, en pleno corralito. «Me casé con el que hoy es mi marido y nos vinimos para acá. Veníamos por un año, luego llegaron los niños, y aquí seguimos», comenta sonriente. Laura Valdez trabaja en un hipermercado. En sus horas libres acude a clase: «Esto es algo que siempre he querido hacer pero antes, cuando podía, no lo hice, y mira ahora, aquí me tienes, feliz como una perdiz». Su padre y sus hermanos trabajan en el puerto de la capital argentina. «Siempre me llamaron muchísimo la atención los barcos, ¡ojo!, que no embarcarme», matiza. «Estoy aprendiendo cosas que en mi vida había visto, por ejemplo cómo funciona un motor». Reconoce que no es fácil compatibilizar trabajo, estudios y familia: «No es fácil pero ahí voy, llevándolo como puedo». En su rostro lleva impresa la ilusión. La de dedicarse a su oficio soñado.

«Trabajo en un hipermercado pero mi sueño es dedicarme a esto. Aquí soy feliz»

«De esto no falta trabajo»

Vocación pero también practicidad. «De esto siempre hay demanda en el mercado de trabajo», comenta José Rivas, un joven de Baiona sin tradición familiar marinera que estudia para jefe de máquinas. «Son un manitas». Le quedan solo unos meses. «Bueno, veremos -interviene Pascual, el profesor-, porque o ano que vén tócalle comigo». Todos coinciden en que el sector tiene una gran salida laboral. «Se quedas en terra, podes ir a algún taller. Se non, podes embarcar nun cargueiro, nun mercante ou nun atuneiro», explican. «Isto vai por temporadas e agora hai un bum do noso, igual que o houbo coa construcción», dice Jose. «Quen se mete nesto é para subir a un barco e gañar cartos. Home, tamén che ten que gustar un pouco a aventura, porque é duro», continúa.

«Agora hai un bum do noso, igual que houbo no seu día coa construcción»

Sergio Riobó cursa las mismas asignaturas que su compañero en el ciclo superior de máquinas. De 29 años y natural de Bueu, está listo «para ir onde faga falta». Sin ataduras que lo anclen a tierra firme, «sempre tiven claro que me quería adicar a algo vencellado cos motores. Estiven traballando no sector da coxeneración. Agora quero sacar aquí un título». A ambos les queda solo un año por delante para empezar una nueva vida laboral mecida por las olas.

De carpintero a patrón de litoral: «En unos días embarco en un yate»

Lucía Vidal

Francisco Javier, de A Guarda, tuvo que cerrar su negocio de carpintería con la crisis, y ponerse a estudiar. Con el título de patrón de litoral en la mano, el escenario de su nuevo destino laboral será el Mediterráneo

La suya es una historia de reconversión forzada, como la de tantos. Francisco Javier Vieira, de A Guarda, se dedicaba a la ebanistería. Después de trabajar por cuenta ajena, montó junto a un socio su propio negocio de carpintería. Pero llegó la crisis. «Con 33 años me vi sin trabajo y con deudas. Mis padres tuvieron que ayudarme y yo me puse a estudiar. No me quedó otra». Hizo la ESO y se le abrieron las puertas de los ciclos. «Me gustaban los barcos y el mar y dije, venga, pues patrón de litoral». Han sido dos años de ciclo medio y otros dos de superior. A mayores del título, Javier se ha sacado la tarjeta profesional: «Te la dan con un período de embarque para conseguir mando, atribuciones como oficial o capitán».

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