Alberto Paz, portavoz de los exmarinos gallegos: «Con nuestro caso, Noruega le está faltando al respeto a España»

«Ya han muerto 40 compañeros esperando una resolución, pero aguantaremos lo que haga falta», asegura

r. s.
redacción / la voz

Alberto Paz Viñas es el portavoz del grupo Long Hope, una asociación formada por más de 12.000 marineros españoles, 8.000 de ellos gallegos, que reclaman a Noruega las jubilaciones por sus años de servicio en los buques escandinavos mientras pagaban religiosamente las cuotas del impuesto noruego sobre la renta. En el 2008 se fundó la asociación, pero Paz Viñas no se unió hasta el 2014. Ese mismo año, la asociación decidió demandar a Noruega. Antes de llevar a cabo los trámites, el grupo advirtió al país de sus intenciones. El país nórdico «hizo caso omiso» y comenzó la guerra legal.

-¿Cuál ha sido el recorrido judicial por el que han pasado?

-Hemos tenido dos juicios en Noruega. El primero fue en abril del 2017 en el Tribunal de Primera Instancia. El segundo se ha realizado en noviembre de ese mismo año por la Instancia de Apelaciones. Este último se adelantó de fecha y nadie nos avisó, ni siquiera se le comunicó a nuestro abogado. En ambos se dictaminó sentencia favorable para Noruega. Ahora estamos esperando al próximo, que será en febrero del 2019, en el Tribunal Supremo. Nuestro fin es llegar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero ellos juegan con el factor del tiempo, somos gente mayor.

-¿Cómo ha sido la actuación del Gobierno español?

-La actuación del anterior Gobierno fue nefasta, nos ignoró, buenas palabras pero ningún hecho. El actual ha tenido otra actitud, Pedro Sánchez en la cumbre de la OTAN se reunió con la primera ministra noruega. Vamos a ver cómo sigue.

-¿Los sindicatos les apoyan?

-Los sindicatos españoles siempre nos apoyaron. Aunque ellos no pueden hacer nada contra Noruega, porque no es un tema nacional.

-¿Ha fallecido algún socio?

-Murieron 40 personas. La media de edad de nuestra asociación está entre los 75 y los 80 años, pero somos gente dura, acostumbrada a luchar con muchas adversidades. Utilizan el desgaste psicológico y moral, pero no va a dar efecto, aunque fallezcamos todos esto no va a quedar atrás.

-¿Cómo se costea la asociación todos los pleitos?

-Nosotros mismos, cada socio realiza una aportación. En el momento en el que aceptas un favor estás aceptando también obligaciones.

-Si tuviera que describir a Noruega, ¿cómo lo haría?

-Noruega es un país indecente, no es como nos lo pintan. Trata a los marineros españoles con desprecio, y al tratar así a ciudadanos españoles está faltando también al respeto a España. Nosotros solo reclamamos el dinero que nos hicieron pagar indebidamente.

-¿Cree que Noruega terminará cediendo?

-No puedo decirlo, depende de cómo actúe el Ejecutivo español. Ya no pedimos una demanda internacional, porque no sería el momento adecuado. Cuando terminemos con los juicios en Noruega, ya veremos si demandamos nosotros o lo hace España, o si el Estado español quiere incorporarse como tercera parte demandante.

-¿Qué opina sobre la relación entre España y Noruega?

-Si tienen unas relaciones bilaterales tan brillantes y son tan amigos, Noruega no debería de actuar de está manera. Debería sentarse con el Gobierno español y tratar de solucionarlo sin llegar a lo legal, como ha sucedido.

-¿Cuál es la reacción de los noruegos cuando les ven manifestándose?

-Vienen a preguntarnos y a hablar con nosotros. Los hay a favor y en contra. El pueblo noruego es en su gran mayoría adoctrinado. Un noruego solo por el mundo no se desenvuelve sin la protección del «papá Estado», un español sí.

-¿Qué planes tienen ahora?

- Nosotros no vamos a dejar de salir a las calles bajo ningún concepto. Estaremos en Copenhague, en Estocolmo y en Helsinki. Es muy probable que en octubre estemos frente al Ministerio de Exteriores y el Congreso.

«Nos han tratado de intimidar pidiéndonos avales»

En febrero de 2016 la organización Long Hope presentó la demanda contra Noruega. En este momento, relata el portavoz de la entidad, «nos pidieron una demostración de solvencia por valor de un millón de coronas [algo más de 100.000 euros al cambio actual], se les presentó en 24 horas. Para ir a un tribunal no te piden este tipo de garantías, pueden hacerlo una vez que haya una sentencia firme». Esa fue la primera traba.

La segunda, según cuenta Alberto Paz, fue que para aceptar la demanda y llevarla a trámite les exigieron presentarla de forma individualizada en vez de colectiva, que es como la habían preparado.

Una vez modificada la demanda les pidieron un aval de 70.000 euros como garantía de que podrían pagar las costas judiciales en caso de que perdieran alguno de los pleitos. «Eso era para meternos miedo, para intimidarnos, para saber nuestra situación económica de alguna manera, trataron de coaccionarnos».

Finalmente llegaron a juicio. «La primera metedura de pata que hicieron fue que negaron que hubiéramos pagado el impuesto de la renta noruego. Nuestro abogado presentó la documentación que lo desmentía y finalmente tuvieron que aceptarlo». Aun así, la sentencia fue favorable para el país escandinavo.

Como la ley noruega señala que se puede pasar directamente de la primera instancia al Supremo (cosa que en España no es factible), la asociación decidió seguir esa vía. Dos meses después de recibir la primera sentencia desfavorable para Long Hope, «llegamos al Supremo y Noruega se echó las manos a la cabeza. Estuvieron detrás de la institución para que no se pronunciase».

Finalmente el Alto tribunal remitió la demanda a la Instancia de Apelaciones, equivalente a la Audiencia Nacional aquí en España, «que celebró el juicio en noviembre sin avisar tan siquiera a nuestro abogado», explica el portavoz de Long Hope. «Ellos juegan con el tiempo, porque somos gente mayor e intentan dilatarlo», dice Viñas.

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