La industria quiere elevar al atún a la categoría del «superalimento» que es

Es, con las ensaladas y las frutas «fáciles», el producto estrella de los «millennials»

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vigo / la voz

Si las semillas de chía, las bayas de Goji, la quinoa o la cúrcuma han conseguido encumbrarse a la categoría de superalimentos, ¿por qué no va a poder hacerlo el atún, al que muchos consumidores conceden ya esas propiedades que se asocian a su poder para prevenir enfermedades y mejorar la salud? Eso tratan de poner en valor industria conservera y sus satélites, para los que hay vientos que soplan de cara, pero también pesados lastres que impiden colocarlo en ese podio. Cómo hacerlo ocupó parte importante del debate en la octava Conferencia Mundial del Atún, que este martes se clausura en Vigo y que sentó en el auditorio de Afundación a más de 350 representantes de la industria de túnidos de 30 países. Allí reunidos, sumaban el 90 % de la producción mundial de conservas de pescados.

Que 7 de cada 10 personas lo introduzcan en la cesta de la compra al menos una vez al mes, con más frecuencia que los palitos de cangrejo e incluso más que el jamón serrano, es un punto a favor. Que los compradores lo elijan porque es bueno para la salud y por conveniencia -porque es rápido de preparar y fácil de almacenar también- es otro acicate. Que, además, el 81 % consideren que tiene buen precio -incluso demasiado a juicio de los productores, que señalan que años después en el supermercado todavía se venden tres latas a 99 céntimos- permiten augurar un futuro prometedor a las conservas. Esos datos, desgranados en la conferencia por Xavier Cros, responsable de AECOCShopperView, se ven reforzados por el hecho de que el atún es el producto estrella de los millennials, esos nuevos consumidores que han encumbrado las ensaladas de bolsa, las frutas de rápido consumo, como el plátano y la manzana, y por supuesto, el atún. A estos jóvenes, que vivieron la crisis como hijos, les han quedado como secuelas un consumo más consciente, informado y reflexivo, un mayor miramiento por cada euro que se gasta y una fuerte aversión al despilfarro. De ahí su querencia a las latas pequeñas que, por suerte, consumen tanto en el desayuno, como en la comida, como en la cena y que, además, cuentan esa ingesta de atún como una de las veces de entre las recomendadas de comer pescado.

Todas esas buenas perspectivas pueden verse empañadas por la creciente simpatía entre los millennials por el veganismo o el vegetarianismo y el rechazo al consumo de cualquier proteína animal.

El nombre no ayuda

Entre los lastres de la conserva está su mismo nombre, que no ayuda. Porque ¿cómo explicar que algo que se llama conserva no lleva conservantes? «Es complicado». Podría ser «atún al baño maría». Alberto Encinas, director general del Grupo Calvo para Europa, recurrió al humor para traer a colación que quizá habría que cambiar o reinventar la denominación de conservas. Algo no muy diferente de lo que planteó Luicano Pirovano, director de márketing de Bolton Alimentari, que llamó a exorcizar cualquier indicio que permita asociar la conserva con lo viejuno -no hay que olvidar que se remonta al siglo XIX- y fió a la labor de comunicación, publicidad e innovación el trabajo ya no solo para seguir creciendo en general, sino también como fórmula para que una marca en particular ocupe el pensamiento del consumidor cuando se habla de atún. Algo así como lo que ocurre en España con los Kleenex y los pañuelos de papel.

La innovación en los procesos productivos ha sido clave en el caso de Jealsa para ganar en competitividad. Lo explicó Juan Alonso, que aseguró que en los últimos tres años han invertido más que en toda la historia de la empresa para reducir los costes de transformación. En la fábrica de O Bodión han repensado todo, limpieza, corte, cocción... Todo porque en mano de obra es impensable. El coste de cien personas en Europa dan para 1.300 en América y 2.000 en Asia.

La flota admite que hay atuneros de más e insta a prohibir nuevas construcciones

Quizá si fuese algo que saliese de la boca de la Comisión Europea no llamaría la atención, pero escuchar a los armadores atuneros, no a uno, sino a dos, reafirmar las palabras del presidente de Anfaco de que sobra flota y que hay peligro de sobreexplotación es de lo más chocante. Y ayer así lo suscribieron tanto Imanol Loinaz, director de flota de Albacora, como Borja Soroa, director general de Pevasa, que coincidieron en la necesidad de prohibir las nuevas construcciones de embarcaciones dedicadas a la pesca de esta especie -de todas las modalidades, no solo cerqueros-, prohibir los transbordos en alta mar y establecer medidas de gestión. En cuáles diferían Loinaz y Soroa, uno a favor de regular por vedas y otro por cuotas individuales por buque. La percepción de que hay demasiados barcos no es gratuita. Hay 824 cerqueros en pos del atún en los distintos océanos, ni se sabe cuántos palangreros ni cuánta flota de enmalle y no está clara la incidencia de la artesanal, otro concepto muy difuso. Y aunque las cifras difieren según la fuente, lo cierto es que en los últimos seis años se han incorporado a la pesquerías más de un centenar de buques. Ante ese panorama no es extraño que los armadores comunitarios hayan pedido que se congele el censo y que se exija un desguace con un suplemento del 20 % de la capacidad para cubrir el alta de una embarcación.

Tarjetas rojas sin fuerza

Los armadores coincidieron también en que la aplicación del reglamento comunitario contra la pesca IUU (ilegal, no declarada y no reglamentada) no está siendo efectiva. Primero por la falta de contundencia de la Comisión a la hora de sacar la tarjeta roja a los incumplidores. Una amonestación que, por ahora, solo se ha hecho a países de poca entidad atunera y que, además, únicamente se traduce en la prohibición de exportar a la UE para los buques atuneros del país afectado y la de pescar allí para los barcos comunitarios. Pero nada impide que un tercer país que faene en el estado amonestado envíe ese producto a Europa, denunciaron tanto el representante de Albacora como el de Pevasa, que pidió «medidas de mercado».

Pese a las coincidencias, entre un extremo y otro de la cadena del atún hay un punto de roce: la importación de lomos sin arancel que reclaman los conserveros y que no admite la flota por los mismos motivos que la industria no quiere ver entrar gratis las latas asiáticas.

Años para estar cerca de un verdadero «level playing field»

e. a.

Han pasado dos años desde la última cumbre del atún en Vigo. Muchos de entre el público repetían. Gente que se «conserva» bien y saludable. El chascarrillo de Jesús Alonso, presidente de Anfaco, resumió el espíritu de la cita, convencer a esos que hoy consumen más de 5 millones de toneladas de atún de que lo sigan haciendo, contribuyendo así al desarrollo económico de los países y las comunidades que han hecho del atún un motor económico de primer orden. Galicia está entre ellas, como señaló el presidente de la Xunta, que ayer inauguró la conferencia mundial difundiendo lo bien que le ha ido a la conserva gallega, que cada vez es más gallega, pues en el 2016 alcanzó un nuevo reto al acaparar el 87 % de la producción española y el 85 % del valor.

Pero no todos juegan limpio. Hay algunos que siguen las reglas, porque tampoco les queda otro remedio, y otros que se las saltan por la laxitud de quien debe controlarlos. Contra eso surgió el Observatorio de la Trazabilidad, en el que el sector europeo ha depositado elevadas expectativas. Esta institución ha dado pasos en firme y ya ha percibido algún resultado, como las denuncias de explotación y esclavitud en determinadas flotas asiáticas.

Ahora bien, hasta la misma Administración es consciente de que lograr un terreno de juego equitativo, ese level playing field por el que suspiran, no es cuestión de semanas. Ni siquiera de meses. Pasarán años antes de que todos los operadores atuneros cumplan idénticas exigencias en materia social, ambiental e higiénico-sanitarias ya operen desde Boiro, Manta, Songkhla, o Abiján.

«Son procesos que duran años», explicó Alberto López-Asenjo, secretario general de Pesca, que avanzó que será un asunto objeto de análisis en Conxemar.

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