«Levan as ameixas en todos lados»

El bum turístico está llenando las playas y, con ello, aumenta la presión sobre los bancos marisqueros de las rías gallegas

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A Illa / la voz

El marisqueo ya hace mucho que dejó de ser una mera tarea de recolección. Arañar la arena en busca de las preciadas almejas es solo la fase final de un proceso que comienza meses atrás y que lleva mucho trabajo a las espaldas, literalmente. Las mariscadoras tienen que bajar el espinazo, primero para sembrar, y, después, para limpiar las algas como las que estos días alfombran la ría de Arousa, asfixiando a los bivalvos. «Os turistas pensan que as ameixas nacen soas», explica María José Dios. Ella es una de las setenta sequeiras -hay 244 en A Illa- que ayer participaron en la jornada de vigilancia en las playas.

Un pequeño regimiento de mujeres se arma cada dos semanas, en función de las mareas, con hamacas, toallas y gorras para desplegarse por las docenas de playas que circundan esta isla con 36 kilómetros de costa. Hace treinta años, antes de la construcción del puente, a nadie se le pasaba por la cabeza que hubiera que vigilar la playa. Pero el marisqueo a pie, como otras tantas cosas, ha cambiado mucho desde entonces, y las amenazas llegan por muchos flancos. La marteilia mata el berberecho y los bañistas se llevan las almejas que encuentran en la orilla.

El problema se ha agravado en los últimos años como consecuencia del bum turístico. «O verán pasado e este xa foron tremendos, e o que vén será peor». María José Dios hacía estas reflexiones desde la playa de Xestelas, justo a la entrada del parque natural de O Carreirón, donde ayer formó equipo con su hermana Celestina y con Loli Dios. Otras compañeras, a razón de grupos de tres, se dispersaron por el resto de Carreirón, Gradín, Cabodeiro, O Bao... Sonia Villanueva y Margot Mougán recorrieron, lista en mano, los distintos puntos desde donde se organizan los grupos de vigilancia y a las dos y media estaban ya todas en marcha. Ellos también. Iago y Alexis bajaron a la playa sustituyendo a alguna mariscadora de la familia que ayer no pudo cubrir su turno. El único requisito para poder realizar esta sustitución es ser socio de la cofradía.

El día despuntó lloviendo en Arousa pero a la una de la tarde el sol le pudo a las nubes y hubo jornada de playa. A golpe de lunes y a final de mes no era de esperar una avalancha, de modo que la vigilancia se presumía tranquila. Así fue. Con tan poca gente, las sequeiras hasta se pueden relajar y sentarse a conversar mientras otean el horizonte. Con todo, ayer no faltó una incidencia, precisamente en la playa de Xestelas, porque un hombre se negó a soltar unas almejas cuando fue requerido para ello y, cuando esto ocurre, las mujeres llaman a los vigilantes de la cofradía que hacen el servicio desde tierra. La multa por coger marisco oscila entre 150 y 1.000 euros, y ya van unas cuantas.

Cuentan las sequeiras que, lejos de lo que pudiera parecer, el problema del furtivismo va a más en el marisqueo a pie. «Vai a peor. Levan en todos lados, na roupa, nos cubos dos nenos, ata lle teñen quitado a cabeza a unha boneca para meter as ameixas dentro», explican las hermanas Dios. ¿Hay un perfil de furtivo-playero? «Hai de todo, maiores, mozos, mulleres, homes... Hai xente que cando lle pides que deixe o marisco, déixao sen problema, pero logo hai quen te insulta e chámante de todo». A ninguna le gusta esta faceta del oficio, pero el pérmex obliga. A las seis y cuarto levantaron el campamento. En un par de días les tocará vigilar otra vez.

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