«Su pescado, gracias»

Como la del tabaco o la de refrescos, acaba de llegar a Galicia una máquina que funciona como una pescadería

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a coruña / la voz

Primero fue el tabaco, luego los refrescos o la bollería, y con el tiempo hasta hubo quien le sacó partido a la venta de juguetes eróticos. La evolución de las máquinas expendedoras carece de límites. Su nicho de mercado parece no tener fondo. Cualquier cosa que quepa ahí dentro es objeto de ser vendido. El último grito en el sector es la máquina de pescado fresco. En Galicia hay una y está ubicada en el mercado de Elviña, junto a la pescadería Manuel Capelo, que es quien la sostiene y le saca rédito.

Por fuera es como todas. Una gran vitrina donde se expone el género y su precio, un teclado para elegir el producto y ranuras para introducir el dinero, ya sean monedas o billetes. Nada nuevo bajo el sol. Pero por dentro es distinta. Al contener pescado del día, requiere de una cámara frigorífica especial que mantiene una temperatura de 3 grados. Además, para evitar que las sardinas terminen maltrechas al caer en la cesta, un gancho robotizado entrega la bandeja envasada al vacío como si transportara un jarrón chino. Está dotada del innovador sistema SOC, con el que los alimentos duran hasta un 30 % más; con un mecanismo de extracción de discos; y con un detector de seguridad que en caso de que, por cualquier circunstancia, los productos superen los tres grados, inhabilita la máquina.

Se pensó para los que no tienen tiempo de ir a la pescadería por la mañana en busca de pescado fresco. Ahora ya lo pueden hacer por la tarde -y hasta podrían hacerlo por la noche si el mercado estuviese abierto de madrugada-. Es el mismo género que ofrece Manuel Capelo en su pescadería y al mismo precio. Y ya limpio. Desde lubinas fileteadas (o no), a sardinas, salmón, merluza, marisco o gulas. Cualquier cosa que salga del mar y esté fresco

¿El invento es rentable? Sí. «Pero por el momento debemos tener paciencia y esperar a que la gente la conozca», dice Tamara Amor, la pescantina del mercado de Elviña que nutre la máquina. «Es el futuro», asegura. «La gente nos dice que la idea es muy buena», comenta desde la pescadería Manuel Capelo. En su máquina de vending hay mariscos y pescados: filetes de xarda, lirios, chinchos o cigalas. «Todo limpio y del día. Lo envasamos al vacío para que se conserve más tiempo y no pierda su frescura. En cualquier caso, cada dos días lo cambiamos. El otro lo llevamos a comer a casa. Ya sabemos que esto va a ser así, poco a poco y que nos va a costar tiempo y dinero conseguir que sea rentable y que el público se habitúe a utilizar este servicio», reflexiona Manuel. «La idea surgió de tanto escuchar a la gente que nos decía que por las mañana les resulta imposible venir a comprar», añade Tamara.

Desde pan y leche a pelotas de pádel, toallas en los gimnasios o cebos de pesca, por poner solo algunos ejemplos. Hace mucho tiempo que las máquinas expendedoras se hicieron fuertes. Si bien estas tiendas automáticas son viejas conocidas -hace 15 años ya había máquinas de café en tres de cada cinco empresas-, hoy las máquinas de vending instaladas en España ya suman 600.000, según datos de Proveedores de Vending Asociados (la organización que aglutina a los proveedores de productos de este tipo). De ellas hacen uso, cada día, alrededor de 20 millones.

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