Quisiera compartir una experiencia ocurrida el pasado 1 de diciembre de 2025 en el centro de salud de Fingoi, no por interés personal, sino porque creo que refleja un problema que puede afectar a cualquiera.
Mi mujer es paciente oncológica y ese día tenía una consulta médica en Madrid. Necesitaba llevar consigo los resultados de unas analíticas. Ya de por sí, una situación así genera preocupación, nervios y una enorme carga emocional.
Al no disponer de clave digital, acudí al centro de salud que le corresponde para solicitarla en su nombre. En un primer momento, se me dijo que no era posible por tratarse de datos médicos protegidos y que debía aportar un poder notarial. Acepté la indicación, me desplacé a mi domicilio, recogí el poder y regresé al centro ese mismo día.
Entregué una copia simple expedida por notaría, con su sello visible pensando, que con eso el problema se resolvería. Sin embargo, no fue así. A partir de ese momento, me mantuvieron esperando ceca de 50 minutos, sin explicaciones claras, sin ofrecer ninguna alternativa y sin una solución concreta.
Finalmente, y sin previo aviso, se presentó la Policía Local. En ningún momento hubo insultos, amenazas ni altercados por mi parte. Simplemente estaba allí, esperando, intentando resolver algo importante para la salud de mi mujer. Toda la actuación quedó registrada mediarte grabación, con la única finalidad de dejar constancia de los hechos y poder reclamarlos por los cauces legales.
Tras esa intervención, el propio personal del centro me indicó que acudiera a la Xunta de Galicia. Allí, con la misma documentación, fui atendido correctamente, se me facilitó la clave ese mismo día y, además, se me pidieron disculpas.
Por tanto, el problema no era la ley ni la protección de datos. El problema fue cómo se aplicó la burocracia, con papeles sobre la mesa, sin empatía y sin capacidad de reacción ante una situación de urgencia sanitaria.
Yo pude insistir, moverme, aguantar y resolverlo. Pero no puedo dejar de pensar qué habría pasado si en mi lugar hubiese estado una persona mayor, alguien solo, alguien con menos recursos, menos conocimientos o menos capacidad para plantar cara. Probablemente, simplemente se habría visto superado y se habría quedado sin solución, porque cuando alguien se enroca detrás de un mostrador, el más débil siempre pierde.
Escribo estas líneas porque creo que la sanidad pública debería estar para ayudar cuando más falta hace, no para convertir la enfermedad en un problema administrativo más.