Terrazas

ANTÓN GRANDE

LUGO

El Ayuntamiento de Lugo decidió poner coto a las terrazas o más bien proceder al cobro del impuesto pertinente —la pela es la pela— y de paso, organizar un poco el desorden que conllevó la política de mano abierta durante la pandemia, que si bien fue una importante ayuda para el gremio de la hostelería supuso también el desorden y el mal gusto de algunos hosteleros a la hora de instalar sus terrazas. No cabe duda que se hace necesaria una ordenación, pero también es cierto que esta debe completarse con el razonamiento en los espacios que pueden o deben ocupar las terrazas y la estética que deben ofrecer.

Conozco varios países y ciudades, en algunos en los que llueve más que en Lugo, en los que las terrazas abundan en cualquier época del año ayudando a dar un ambiente y una forma de ser que las caracteriza. Grecia es un conglomerado enorme de terrazas, especialmente desde la primavera al otoño; Italia por ahí se anda con sus singulares terrazas al pie de sus monumentos y otro tanto se puede decir de París: ante el Teatro de la Ópera me he deleitado con una cerveza en una de ellas. O en Bélgica, lluviosa al igual que su vecina Holanda, donde las terrazas, cubiertas y bien acondicionadas, facilitan el acceso y el tránsito de peatones, concediendo a la ciudad ese aire entre bohemio y novedoso que tanto nos gusta a los extranjeros.

Son solo ejemplos de lo que se puede hacer aquí. Con respeto, cuidando la estética y favoreciendo a ciudadanos y empresarios porque de lo que no hay duda es que Lugo, desde que florecieron las terrazas, es una ciudad más viva, menos gris y más alegre. En eso, algo hemos ganado.